sábado, 28 de febrero de 2009

CARTAS A MI MUJER DIECISEIS

JUEVES, 30 DE OCTUBRE, 10: h
Querida, amor mío, amor en general, juntos abiertos en todas direcciones:
Hoy es el último día de playa de este viaje, mañana a esta hora estaré viajando hacia Madrid. Espero cosas normales, viajar bien, sin problemas.
El saldo, como diría un general victorioso a quien la victoria le haya costado perder muchos hombres, lamentable.
Hemos triunfado pero, también, hemos perdido.
Pérdidas irreparables, inolvidables, heridas siempre semiabiertas a punto de abrirse en cualquier momento pero, también, hemos triunfado.
Dentro de cuatro días habrán pasado cuatro años de la trágica, inesperada muerte de Pablo, nuestro hijo Pablo.
Esta carta, en realidad, parece un pliego de condiciones:
Es necesario, después de cuatro años, dejar morir a los muertos para que ellos, a su vez, nos permitan comenzar a vivir nuevamente: Con libertad, con soltura, llevándonos al mundo por delante, porque seguimos siendo hermosos y valientes, cualidades que no envejecen ni con la muerte.
Dar por muerto a Pablo, que está muerto hace cuatro años, permitirá que nosotros, que aún estamos vivos, podamos resucitar.
Abandonar las tumbas, esa melancolía errante.
Hagámonos sospechosos delante de todo el mundo de querer vivir. De querer plasmar en una vida plena todas nuestras muertes amadas.
Una vida, mi amor, donde haya sitio para todo el mundo, también para los vivos, para nosotros.
Una vida, querida, que será contada con orgullo por hijos y nietos y biznietos y algún que otro intelectual enterado del fenómeno.
A veces éramos los puntos cardinales opuestos para poder amarnos con mayor libertad.
Llegamos a ser aristas de triángulos diferentes para poder amarnos en esa nueva dimensión.
Nuevos decires atravesarán nuestra vida para siempre. Ya nunca más en nuestra familia se olvidarán del mar.
Este mar, por ejemplo, desde donde te escribo, esta carta perdida y encontrada, sentado a un metro de las olas.
No aguanté más y me metí en el mar, 30 de octubre, en España y, ahora, estoy contento y quiero que todo el mundo esté contento y me doy cuenta que estoy a punto de cometer el mismo error, una nueva vez, y rectifico diciéndolo de la siguiente manera:
La felicidad, lo poco de felicidad que nos permite la vida actual, depende del trabajo de cada uno.
El que no sea capaz de trabajar por su felicidad no tendrá ninguna felicidad.
Y esto es, a la vez, querida mía, una mala noticia: Nuestra felicidad depende de nuestro trabajo y, al mismo tiempo, una esperanza: con mi trabajo, sin esperar la ayuda de Dioses que, en general, no existen y sin esperar la ayuda de ministerios que no existen para mí; es posible algo de felicidad, con mi trabajo.
Sin duda es una esperanza. Espero que el siglo que viene los poderosos no utilicen estas frases para dominar, con el asunto del trabajo, con mayor eficacia a un número, siempre, mucho mayor de trabajadores.

miércoles, 25 de febrero de 2009

CARTAS A MI MUJER QUINCE

Muy jóvenes, como Paul Eluard, abrimos nuestros brazos a la pureza, pero nosotros escapamos enseguida cuando nos dimos cuenta que lo puro era ciego.
Después vino el exilio y era todo muy divertido. Vos seguías siendo una reina como en Buenos Aires, bueno vos no podías dejar de ser una reina. La diferencia con Buenos Aires, que casi se hace una cuestión entre nosotros, era que en Madrid yo, todavía, no tenía trabajo.
Pero tampoco fue como creímos en su momento, que tú me pedías algo que yo no tuviera, por envidiosa o cruel. Era que yo, no tenía lo que todo hombre tiene que tener: Un trabajo, billetes de 10.000 pesetas en el bolsillo, y sobre todo confianza en sí mismo, en sus cuentas bancarias.
Al principio yo me decía, un hombre así no escribe un verso ni que se cague en Dios.
Así, que cuando te ponías así, yo no te pegaba, porque en esa época era un libertario, pero no te daba pelota.
Después, cuando me di cuenta que la gente que me rodeaba no tenía ni para darle de comer a sus hijos, comencé a mirar la idea con simpatía.
Había una vertiente de la idea que me enloquecía, si yo conseguía trabajar, hacer efectivo mi trabajo, como ella decía que era efectivo mi sexo, ella me amaría dos veces.
Me amaría porque ya me amaba, tal vez, por mi grandiosa pija marinera, tal vez, porque yo siempre escuchaba sus gritos de libertad y si, ahora, tengo dinero, me amará por segunda vez por mi dinero o por mi manera de gastarlo aunque ella no esté o el modo de ganarlo o la planta llamada de la moneda que, con tanto amor, regábamos en nuestra juventud.
De golpe pensé que aunque yo no lo quiera o no lo ambicione, algún joven, algún hijo nuestro, alguna criatura incansable, puede querer aprender algo de mi escritura y esa posibilidad, guía todo el sentido de mis versos.

jueves, 19 de febrero de 2009

CARTAS A MI MUJER CATORCE

Estoy contento con todos los trabajos realizados y si, a veces, no estoy contento es porque algún trabajo no se ha realizado.
La ambición de las olas: hablar como Freud, cantar como Gardel y follar como nosotros dos, hace unos días, en el baño del hotel, contra el lavabo, mirándote al espejo me metí entre tus nalgas y algo te resististe.
No quiero hacer alarde de esas virtudes vegetales, pero mientras te la metía, sentí que murmurabas entre dientes, canciones, melodías lejanas, abiertas notas de cantos insondables y te reías, feliz, enamorada. Mientras te la metía te miraba por el espejo y murmurabas entre dientes: manifestaciones de millones de hambrientos pidiendo pan. Millones de niños infectados pidiendo piedad.
Lugares, amada, tiempos del hombre actual, donde las enfermedades que, generalmente, se producen por las vías reproductivas ocupan un lugar preponderante en las oficinas del Estado y nadie se ocupa de nuestro amor.
Estamos condenados, te lo dije, estamos condenados a demostrar la importancia del trabajo. Para que haya amor entre nosotros tendremos que hacerlo.
Y esa es nuestra condena y nuestra dicha. Existir, apenas, cuando el amor brilla para nosotros. El resto, todo el resto, es producir el surgimiento de un poema.

jueves, 12 de febrero de 2009

CARTAS A MI MUJER TRECE

Me vuelvo a meter en el mar y pienso que viviendo en España, es para mí todo un récord bañarme en el mar a fin de Octubre y gozo con meterme en el mar y gozo al salir con el sol y el viento, muy parecido a las playas de nuestra juventud, pero debo reconocerlo, siempre me atraviesa un dolor, una incomprensión dolorosa.
Como te decía en páginas anteriores: Millones de jóvenes asesinados delante de todo el mundo, millones de jóvenes drogados porque no hay trabajo ni educación para tantos, millones de jóvenes educados mal, por orden de los gobernantes, estupidizados hasta más no poder.
Hoy día, cualquiera podría decir con sencillez, “menos mal que existe la familia”. Y algo de razón tendría.
El sol es abrasador. Me muero de contento pensando que estoy en el mar a un metro de distancia. Me vivo de contento pensado que muchísimos colegas de todo el mundo están trabajando y yo aquí tomando el sol.
Bueno, me digo, alguna vez me tocaba a mí y si me gusta mucho, que me está gustando, habrá que repetirlo.

miércoles, 11 de febrero de 2009

CARTAS A MI MUJER DOCE

Yo había nacido en un barrio periférico, nunca tenía fuerzas suficientes para imponer mis ideas, siempre prefería inventar una nueva idea.
Después, como ya te dije que no tenía fuerzas para imponer las ideas, las dejaba ahí, ahí, donde estuviera, a la benevolencia o malevolencia de los caminantes del viento.
Te amo y te recuerdo, aun en estas tontas digresiones, tan importantes para la humanidad que no termina de enterarse, porque ni yo mismo, hago los esfuerzos necesarios, porque estoy amándote o recordándote todo el tiempo.
Y el mundo se hunde, el siglo se termina, pero nosotros no. Nosotros estaremos atados, por mis versos, a las vertientes del hombre que no desaparecen.
Por eso que cuando yo te digo que habrá alguna luz para los hombres, te hablo del futuro.
De nosotros, de nuestra oscuridad ya se habló hace cien años. Nosotros sólo podemos padecerla.

lunes, 9 de febrero de 2009

CARTAS A MI MUJER ONCE

Justo en este momento se me ocurrió una frase un poco rara pero igual la pongo, por las dudas: “Viva Perón aunque Menem decaiga” y en esa frase sentí que había comprendido algo del peronismo, algo de nuestro exilio, algo de la vida en general, también me di cuenta que Menem comienza con las letras de Men-assa y que la partícula separada es capicúa como el nombre de la frase.
Espero que me permitas, amada de las tiernas horas donde todos éramos gloriosos porque un destino grande nos esperaba, recordar cuando todos éramos jóvenes y valientes, cada uno a su modo y luchábamos por una patria peronista: Pan para todos, trabajo para los peronistas que éramos todos, educación para todo el mundo también para los niños. Los niños en la Argentina antes de Perón, no existían. A los niños en Argentina, los inventó Perón.
Y, eso sí, fundamentalmente por eso éramos muy peronistas: una mujer sería nuestra mente.
Una nueva mujer poblaría la historia de mujeres. Su grito de libertad e igualdad, arrancaría al hombre de su letargo.
Ella, entregada toda ella al mundo, para nosotros nació con el peronismo, se llame como se llame, esa mujer, nació con el peronismo.
Vos también sos esa mujer.

lunes, 2 de febrero de 2009

PRIMERO LOS CRÍTICOS, DESPUÉS LA DISTRIBUIDORA Y AHORA LA ACADEMIA DE CINE

LA ACADEMIA DE CINE LE LLAMA ERROR ADMINISTRATIVO A UNA INJUSTICIA

“El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y burdel.” Federico Fellini.

“En este negocio, la gente olvida que hacer cine es un arte” Tim Burton.

“El negocio del espectáculo es un negocio, si no se llamaría el espectáculo del espectáculo.” Woody Allen.


A pesar de haber sido ampliamente advertidos por los grandes, algunos seguimos empeñados en encontrarle el lado bueno a ese asunto con cine. Empeñados en esquivar la omnipresencia unidireccional (el beneficio es siempre para los mismos) de la palabra “negocio”, en hallar el más mínimo resquicio por donde colarnos a lo que de “arte” quede en el cine. Y empeñados, también, en sentido económico y literal, ya que las ayudas o subvenciones del estado están, si no pactadas, al menos “orientadas” de antemano.

Y así nos va, cada día descubriendo nuevos y feroces monstruos en lo que, hasta ahora, creíamos simples molinos de viento. El último ha sido un “pequeño” fallo administrativo por parte de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas Españolas.

Después de haber conseguido, no sin dificultades, formar parte de la lista de películas que competirán este año por los Goya, con Mi Única Familia, fuimos excluidos de un plumazo por esta Institución, que directamente ignoró, perdió o censuró nuestra solicitud para recibir las direcciones de los académicos y enviarles el film antes de su votación (es un derecho de toda productora que presente película a los premios).

Es de lógica que, si no conocen una película, no pueden votarla, con lo cual fuimos excluidos radicalmente de la competición. Y no es que confiáramos en ganar, confiábamos en tener las mismas oportunidades que los demás. Pero, claro, como ya nos habían advertido, esto es incompatible con el negocio.

Carmen Salamanca
Directora de Producción