martes, 30 de junio de 2009

Cartas a mi mujer sesenta

LUNES, 13 ENERO 1999, MADRID, SOY EL SIGLO XX

-Tercera parte-

Intoxicado por el mundo que me rodea, ambiciono una vejez, creativa, sin pan y sin amor.
Hay dioses en la vida, tan hondos y todo el mundo lo sabe.
Después, también, hubo días que estábamos al alcance de todos y nadie nos quería tocar.
Ella está recién aconteciendo, yo ya escribo hace varios siglos. El encuentro, tal vez, no se concrete. Ella me ama, pero no le interesa encontrarse conmigo.
Lo diré todo, pero de tal manera que nadie lo podrá creer.
Hoy por hoy, tengo que sentirme casi un genio. Hago funcionar sin que muchos lo noten y con poco dinero un fenómeno de la poesía.
Ejemplo de vivir, dijo la poesía y comenzamos a vivir que ya nadie puede alcanzarnos.
Atentamos contra todo aquello que nos envejezca. Hacia la verdad sólo se debe abrir una pequeña puerta.
Hoy he visto los primeros efectos de mis escritos sobre la guerra. Se pierden o se olvidan o no se pueden terminar de leer.
Y además ponerme a defender la AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS, cuando ya nos han roto el culo a todos los pueblos.
¿Sin drogas, sin sexo y sin el poder sangriento de la guerra, dónde quiere usted señor Menassa llevar la sociedad? o de pronto, ¿usted cree en el alma?

lunes, 29 de junio de 2009

Cartas a mi mujer cincuenta y nueve

LUNES, 13 ENERO 1999, MADRID, SOY EL SIGLO XX

-Segunda parte-


Nos encontrábamos en un callejón sin salida aparente.
Borrachos hasta los huesos, no conseguíamos hilvanar las palabras que nos arrancaran de esta pequeña locura compañera.
El hombre comenzó a amar la soledad como antes amaba la noche.
Cuando destrabo la soledad de su opuesto vulgar, estar acompañado, la soledad cobra dimensiones universales y, ahí, no es necesaria la falta de compañía para alcanzar la soledad.
Como lugar, como mesa de operaciones cósmicas donde la soledad se transforma en la edad del sol.
Desde un lugar que no se explica por ninguna falta, hasta la posibilidad de un sol para cada edad o, mejor dicho, todas las edades, también la mía, tendrán algún sol. Aunque más son sea el sol de la palabra soledad.
Tengo miedo de haber producido mis propios pensamientos y que el resultado me aleje de otros pensamientos, otros hombres.
Soy ese pájaro caído de mis versos,
algún pecado se habrá transformado en virtud,
alguna belleza forma parte del pasado.
Todo canto es inmedible. El tiempo puede surgir rápidamente, de cualquier conversación.
Pero yo estoy roto, no puedo escribir.

domingo, 28 de junio de 2009

Cartas a mi mujer cincuenta y ocho

LUNES, 13 ENERO 1999, MADRID, SOY EL SIGLO XX

Mi padre es una carne abierta al sol,
mi padre es el oriente.
Mi madre es la celeste y confortable,
máquina de occidente.
Nací de dos seres agónicos,
quiero decir, una combinación imposible.
Nací feroz, atómico, silvestre.
Fui desde el comienzo un incalculable error,
no tuve límites y exploté, también,
contra mi propia vida.
Y volando en pedazos rompí todo el amor.

martes, 23 de junio de 2009

Lámina 005. Miguel Oscar Menassa



"Mi alimento es el teatro, que leo con intensidad, porque me permite, más allá de que yo, todavía, no puedo con las personas, conocer otras vidas, otras maneras de pensar."
(M.O. Menassa)

martes, 16 de junio de 2009

Televisión Grupo Cero. Martes a las 20 h "Los poderosos preguntan"

Los martes a las 20.00 h (hora española) los poderosos preguntan y Menassa responde.

Televisión Grupo Cero

Para poder verlo hay que acceder a la siguiente dirección:

www.helloworld.com/grupocero. Una vez en la página hay que pinchar donde pone Live! (situado arriba, a la derecha de la página)

Una vez que se abre pulsar Play.

* * *

viernes, 12 de junio de 2009

Cartas a mi mujer cincuenta y cuatro

LUNES 27 DE JULIO DE 1998
ARGANDA DEL REY

-Tercera parte-

Mientras pequeñas hormigas ponen en cuestión la existencia de un rosal antiguo, dibujo entre las hojas del magnolio, los perfiles posibles de una vida a pleno sol. El cedro del Líbano, el ligustro japonés y las rosas chinas me traen recuerdos orientales, esa muchacha judía, en los bosques de Palermo, con aquellas tetas sobresalientes. Recuerdo haber besado esas tetas con la devoción de un niño hambriento.
Luego venía el atardecer y yo le recitaba mis versos y ella sentía, como en una especie de delirio de amor, que mis versos eran la tierra prometida y entreabría sus labios y entreabría sus piernas y se dejaba llevar por el olor de tierra cultivada y mi padre nos recordaba haber plantado el primer olivo en el sur de España y nos dejaba con la boca abierta llena de aceitunas negras bañadas por el amor.
Es por eso que desde esta mañana apacible en mi pequeño jardín, en un pequeño pueblo del Este de Madrid, recuerdo grandes olas oceánicas, arrebatadas mejillas, por el ardor del sol, muñecos de porcelana haciendo el amor hasta hacerse pedazos, y grandes porrones de barro, con agua fresca, para calmar la sed de los muertos queridos, para que se tranquilicen y puedan esperarnos sin ansiedad, sin prontitud. A la larga, todos estaremos muertos, pero no está en nuestro sencillo oficio de vividores natos (jugadores de todo, amantes de todo, locos por todo lo imposible) adelantar la muerte.
Así, que vengan los porrones llenos de agua fresca, para tranquilidad de nuestros muertos queridos, que han de saber que todos moriremos algún día, en su justo momento, como todos, pero nosotros, vividores de todo lo vivible, nos arrastraremos hasta el último momento, pidiendo un día más, un polvo más, un poema más aunque sea el último, algún amor y a la noche, en plena madrugada, para sellar mi pacto con la vida, el 35 coronando una de las tres últimas bolas de la noche.

miércoles, 10 de junio de 2009

Cartas a mi mujer cincuenta y tres

LUNES 27 DE JULIO DE 1998
ARGANDA DEL REY


-Segunda parte-

Yo pensé, por lo bajo, que a mí no me daría ninguna culpa ganar, porque el psicoanálisis me había curado de eso, así que puedo decir que por primera vez miré con cierto desprecio (menos valor) a Don Artemidoro, a él, que era un invencible, un inmortal sin embargo, la neurosis le había vencido. A mi no me va a pasar eso, y si usted no quiere que le pase lo que le pasó a Don Artemidoro, que no pudo seguir ganando porque le daba culpa, pida una entrevista psicoanalítica.
Y eso no sólo le pasa a los ganadores en el Casino, también, y a veces con mayor claridad, les pasa a los entrenadores de fútbol y a los jugadores y si no me creéis, podéis estudiar un poco a Clemente y a los muchachos que formaron parte de la Selección Española. El uno dice que la culpa la tienen los periodistas y los muchachos dicen que su mamá, por Clemente, siempre fue muy buena con ellos. Mi mamá, también fue muy buena conmigo pero, tampoco, servía para dirigir una selección de fútbol.

jueves, 4 de junio de 2009

Cartas a mi mujer cincuenta y dos

LUNES 27 DE JULIO DE 1998
ARGANDA DEL REY

El aire y el sol, el mar absoluto y el 35 como última bola de la noche han minado definitivamente mi corazón.
Eso de meterme en el mar y arrancarle a las olas esos sonidos abiertos, esos pensamientos abiertos, esas piernas abiertas de mi amada. Nunca tan abiertas como cuando las olas golpean, en tropel, su pequeño corazón enamorado de toda nuestra juventud, eso de meterme en el mar como un animalito ya lo había hecho, ya tenía una práctica en ello, pero que el Estado, el departamento de Hacienda, rubro Casinos, decidiera pagar mis escapadas al mar, eso nunca me había pasado.
¡Se dan cuenta! darle a un jugador, empedernido y empecinado, que juega toda la noche al 35, el 35 como última bola, se dan cuenta ¡qué locura! ¡qué bravura! ¡qué macho!
Aire, sol, el absoluto mar y el 35 como última bola, han hecho de mí el genio del mar.
Es por todo eso que esta mañana relajada de lunes, sentado en medio de mi pequeño jardín en un pequeño pueblo, Arganda del Rey, debajo de mi pequeño cedro del Líbano, que recuerda a mi padre de origen libanés, escribo estas líneas para agradecer al Estado Español y a todos los periodistas, también, a los de Babelia, que hayan pensado tanto en mí como para que el 35 fuera la última bola de la noche.
Si me lo hubieran contado no lo hubiera creído. Pero el haberlo vivido me da ciertas garantías que cosas así pueden ocurrirme, también a mí. Es decir, que la poesía puede, aunque nadie lo quiera, tener su suerte.
Después, hablando con don Artemidoro, él me dijo que en todos los casinos del mundo el 35 corona alguna de las tres últimas bolas de la noche, pero yo no lo sabía, es decir, que puede haber sido hasta una iluminación, algo fuera de lo común, algo que le ocurre a cierto tipo de seres.
En lo del 35, insistía don Artemidoro, todos los Casinos del mundo y todos los trabajadores se han puesto de acuerdo.
Don Artemidoro, nunca daba una información sin material clínico, es decir, una información sin la historia de la información, era necedad en su pensamiento.
En el verano del 68, prosiguió don Artemidoro, junto con Marlem, visitamos 135 Casinos, esparcidos, podemos decir, por todo el mundo. Y lo del 35 no fallaba nunca, o Marlem o yo, o los dos a la vez, acertábamos el 35. Tal fue así que en el verano siguiente, y ya termino la reflexión, comíamos, hacíamos el amor y dormíamos y llegábamos al Casino a las 4 y media de la mañana, ganábamos y perdíamos como cualquiera pero en las tres últimas bolas, el 35 hacía que nuestras vidas fueran cada vez más cómodas, más lujosas, hasta llegamos a beber té de rosas escandinabas.
Dejamos de jugar porque ya no perdíamos y eso nos inquietó hasta tal punto que dejamos de jugar y yo me hice escritor y Marlem, creo que después fundó un asilo para poetas ricos, porque no pudo bajar el nivel de vida y ella sola no podía controlar todas las mesas para saber en cuál saldría el 35.