domingo, 5 de julio de 2009

Cartas a mi mujer sesenta y dos

SÁBADO, 18 ENERO 1999, MADRID


Huyo de mí, huyo de mí y no hago otra cosa que encontrarme a mí. Ni huir ni buscarme. Mí no existe a menos que huya de él o lo busque.
Hombre, mujer, las dos primeras décadas del 2.000 dependerá, sencillamente, de trabajar o no trabajar.
Si puedo llegar a acostumbrarme a cierto grado de soledad, podría llegar a crear cosas maravillosas. Pequeños poemas inmortales, más de mil.
Soy ese peregrino que lleva en sí mismo la luz y la sombra. Por eso tengo un ojo que casi no ve.
No sé cómo decirlo, pero me siento algo enfermo. No puedo salir de este desierto y estoy todo el tiempo esperando que alguien me ayude. Y cuando alguien se anima a llegar al centro del desierto donde yo espero, siempre es para pedirme ayuda.
Alcoholes y amores, tampoco me sostienen del todo. Estoy siempre al borde de un dolor y, además empiezo a tener miedo que la gente lea lo que estoy escribiendo.

Tendría que haber venido con alguien a esta página.

viernes, 3 de julio de 2009

Cartas a mi mujer sesenta y uno

LUNES, 13 ENERO 1999, MADRID, SOY EL SIGLO XX

-Cuarta parte-


Perdonen la palabra del POETA, él tampoco nos pertenece. Su voz es la tormenta de nuestra voz. Su canto es el estallido de nuestro canto. El cuerpo del POETA, yace a mil kilómetros de profundidad, es inalcanzable.
Señor Menassa, denos una ayudita: ¿la muerte existe para todos? ¿la vagina azul es la vagina de su madre? ¿la pija que usted nombra es el loco y furioso sexo masculino que desgarra en verano las pieles femeninas?
Sólo existe la muerte de los amigos, de los más íntimos, de los que forman parte de nuestro cuerpo, de aquellos que son una palabra importante en nuestras ceremonias.
La vagina azul es la negra vagina de tu madre, que te irrita durante la mañana y te somete por las noches.

Tu pobre pija, pájaro de papel, tu culo, ensangrentado por la duda.
Tu destino, mirar cómo nos escapamos de tus manos. El cielo es infinito.
Vuelo sobre la alondra
que comerá tu corazón.

Atleta de locuras infinitas hoy me detendré a llorar.