miércoles, 20 de enero de 2010

Miguel Oscar Menassa. Obra poética casitotal [1961-2011] -V-

1975


PROLOGO

Partir por los caminos
donde anidan los corazones que saben del amor.
La poesía nos acompaña
y nos acompañan aquellos amigos
dulces,
como la nieve que vimos caer en nuestra cordillera.
Águilas marinas y dorados cóndores guían nuestro paso.
Llevamos con nosotros la lepra. El que no se contagia
ciega su ser frente al escándalo de la carne.
Legendarios odres de vino nos esperan para saciar la sed.
Pequeñas estrellas brotan de nuestras manos y se deslizan
silenciosamente hacia el abismo donde acontecen los orígenes.
En ese lugar la luz de las estrellas es insuficiente.
Buscamos el sol. Nuestro destino
la palabra.


POEMA I

Lo he devuelto casi todo
sólo me quedan estas pocas lágrimas
para llorar sobre los hombros
de aquel
que necesite para vivir
mis lágrimas.


COMO LAS ALAS SIRVEN PARA VOLAR,
CREARE ALAS A ESTAS PALABRAS
QUE PARECÍAN HABERSE INMORTALIZADO
DENTRO DE MI

Abriré las compuertas
inundaré con mis palabras las poblaciones vecinas
para encontrarme por fin con mi destino.
Mi destino de azúcares y azahares
País de la locura
donde transitan libremente
animales salvajes y ocas doradas.
Reino
de las dulces pasadas de lengua por el culo
o de las extrañas e inquietantes travesías nocturnas
donde amar al prójimo, era en verdad, nuestro único fin.

Anémonas
arrojemos anémonas a los ojos de los malvivientes
busquemos en sus pieles
el cariñoso beso de una madre ajena y sombría
Eva de Adán, diosa de las tristes putas de occidente,
muéstrales la manzana
aloja en tu seno lo que habrá de morir.

Tu Adán no ha de morir.

Arbitraria foca de mar bésame en la boca
hiela mi piel
necesito escribir acerca de las palabras escritas.
Humo de incienso
blanco y perfumado olor de los orientes
abre la cripta de su corazón
y arroja en su ser desde las ánforas azules
pequeños animales salvajes y frescos vinos.


ARTE POÉTICO

Estamos infinitamente extendidos
porque nuestra tarea es esperar el sol.
Podemos alegremente sobre la tierra
hacer gestos terribles de provocación
y tendernos sin premura sobre la hierba fresca.

Nos mostrarán piedras preciosas
nos tenderán redes de sedas salvajes
y pieles naturales.
Alguno de nosotros caerá irremediablemente
atacado de un golpe de ternura.
Le colgarán seguramente
una piedra preciosa en el trasero
y se dirán de costado
ya caerán
el hombre humano tiene sus miserias.

Mandarán buscar diamantes del África
corales del Indico, mujeres extranjeras.
Nos recitarán poemas por altoparlantes.
Nos mostrarán por televisión (en circuito cerrado)
los inconvenientes de la vida
al aire libre.
Las tormentas al aire libre
pueden ensombrecer para siempre
la mirada de ciertos niños encantados.

Nos hablarán de la importancia del ahorro.
Intervendrá la Iglesia.
Nos entregarán sus mujeres a cambio del silencio.
Nos tirarán flores
piedras
tiros
tiros al corazón a la cabeza.

Nosotros estaremos infinitamente extendidos
porque nuestra tarea es esperar el sol.



YO PECADOR

YO PECADOR I

Me seducen los aros y los colgantes coloridos
las piedras coloradas y los rubíes
y las sencillas violetas en el rincón del patio.
De las vidrieras me atrapan los tonos amarillos
el sol contra la puerta cancel
y el color ocre de la galería en Chiclana.
Hierro forjado a mano por suaves forjadores
en el estilo imperial de la muralla china
hacia el oeste se extendía solemne el patio de mi casa
y hacia el misterio de la calle, el precipicio.
Después del precipicio la plazoleta verde
lejana inalcanzable
como la tierra prometida.
A mí
cuando pequeño
me separaba de la calle una escalera
una escalera blanca
con dos barandas verdes de cedro a los costados.
La idea fija era volar
una tarde, verano en Buenos Aires
el patio era un desierto.
Sólo un valiente se animará a cruzarlo.
Me puse las botas me coloqué la máscara antigás
y en cuatro saltos alcancé el rincón del patio
donde crecían las violetas.
La puerta cancel quedó a la vista.
Mientras los enemigos dormían atontados
por el alcohol del mediodía,
me paré en el primer escalón de la escalera.
Abrí mis brazos. Respiré profundamente
dispuesto a todo
y perdí los sentidos
cuando me invadieron por primera vez
los olores lujuriosos de aquel sombrío patio.


YO PECADOR III

Amaba a las golondrinas
porque aprendí de ellas volver en el verano.
En el verano amaba en las arenas
la huella de tus pies.

Odiar
odiaba solamente el olor de los muertos.

Una tarde mataron a mi primo por la espalda
"Mano de hierro" lo llamaban
Miguel, Miguel, mi bien amado y dulce camarada.

Montabas a caballo como el "Llanero Solitario"
único y elegante
en las terribles guerras del verano
me hablabas de tu cuerpo
de tu cuerpo desnudo entre los perros
los perros le ladran a la ropa, me decías.

Desnudo uno es un perro más.

Dejar la casa del abuelo.
Olvidarme del patio y de la higuera
no recordar jamás el gusto de la menta
fue un golpe bajo de la vida.

Y vinieron después silenciosas mujeres
a violentar en mi recuerdo el nombre tuyo.
Vino después tu muerte traicionera.
Me contaron tu cara extraviada de sorpresa
porque esperar
-menos la muerte-
habíamos esperado juntos cualquier cosa.


YO PECADOR IV

La higuera era el lugar de la sombra.
Hacíamos la vida
diciéndonos que éramos felices
mitad del tiempo sentados
a la sombra de la higuera.

Volví
cuando ganaba el cielo tu figura
una tarde en Pompeya.
El arma que te mató era blanca
vos no merecías otra cosa.

Me senté debajo de la higuera
y te llamé en voz alta.
Dijeron de mí
-cuando me arrastré palmo a palmo
en la época que florecían los malvones
y vos
solías esconderte cerca del horizonte-
que la locura
había anidado en mi corazón.


YO PECADOR V

Me quedé con todo el dolor
y toda la alegría.
Siempre fui dos desde tu muerte.

Boxeé contra la luna
y tenía en la cintura
todos los movimientos.
Me llamaban el pulpo de Patricios.

Crecía, crecía vertiginosamente
el odio en mi mirada.
Fui quedando solo
encerrado en el tiempo de nuestros juegos.
Fui jugador.
Até mi vida con cadenas
para no salir volando detrás tuyo.

Me aconsejé recuperar la historia de mi padre árabe taciturno
una palabra cada seis meses
un gesto de amor todas las Navidades.

Después, después fui médico de locos
porque el que pega primero
pega dos veces.


CONSEJO I

No te detengas
lo que nada lo puede
lo podrá tu amor
lo que no puede tu amor
lo podrá tu deseo.

Y si tu amor y tu deseo no pueden
el estallido debe haberse producido
seguramente en tu corazón, en tu cabeza.

Repliégate.
Húndete en el mar.


CONSEJO II

No hay que temer: el mar es para todos.
En marea alta dejarse llevar
no hacer movimientos contradictorios.
En marea baja dejar librado todo a la imaginación.

Es necesario que el mar
sea navegable en todos los casos.


CONSEJO III

Cuando llueve
hay que tener cuidado con los ángeles.
Suelen caer pesadamente sobre nosotros
cuando mojan sus alas.

No hay que tener piedad.

Uno solo de ellos
puede alegrarnos la vida para siempre.


CREDO

Abro mis ojos a plena mañana
y el sol no me enceguece.
Abro mis manos
pero nunca me quedo con las manos vacías.
Descubro mi sexo
y una legión
de hombres y mujeres
encuentran su sentido.
Abro mi corazón sin ningún cuidado
y donde un universo me odia
otro universo me ama.

Hago creer por mi manera de mirar
por el segundo botón de la camisa
que sobre mis espaldas
se puede
llegar a dar la vuelta al mundo.
Me entretiene encontrar mi sentido
en los lugares
donde yo suelo atar mi tiempo de vivir.

¿Quién podrá acusarme de haber vivido demasiado?
¿Quién se anima?
Si yo
abro mis oídos a plena mañana
para escuchar decir a los más sabios
palabras de la muerte:
Morir es necesario
lo dicen las sagradas escrituras.
La muerte es para todos
no está previsto eximirse
y para demostrarlo
han comenzado
a dar muerte
a los pájaros.


ANTEPASADOS

Antiguos pescadores, viejos espías del dolor
aquellos que nacieron para que yo naciera
aquellos que traían la orden de matar,
eran inocentes.
Buscadores de oro
artesanos de las buenas costumbres
para ellos
vivir
había sido duro aprendizaje.

No tenían, en verdad, la elegancia de los Normandos
y sus mujeres incapaces para las tareas domésticas
habían nacido para amar.
Amar en primavera
los colores azules persistentes y por las noches
cantos de extraños pájaros nocturnos y el dolor.

Hablaban cuando los acontecimientos naturales
quebraban la paz.


RAIF MI PADRE

Cuando Raif, mi padre, hablaba de los hombres
hablaba siempre de los árabes.

Bebedores de alcohol
capaces de dar la vida por una mujer
o ensoñarse al atardecer
a causa del olor de los azahares.
Un árabe nunca mata sin pasión.
Frente a la incertidumbre
abandona a sus seres queridos y busca
en el silencio del desierto, su destino.

Ama las flores y los cigarros
y al amanecer
sentado sencillamente en la puerta de su casa
espera que el sol toque la vida con sus manos.



MI PADRE HABLABA DE SU
MAR ALEGREMENTE


Mi padre hablaba de su mar alegremente.

Del mar de mi país puedo decirlo todo.
Hablar de sus colores y de su mansedumbre.
El mar de mi país parece una pradera.
Crecen en plena mar acacias y malvones
como en la casa del abuelo Antonio.

Esa pradera azul estalla de colores
cuando en primavera florecen sus mujeres.

Al alba tendían las redes tejidas en el hogar
a mano por viejas mujeres con ropa de seda
y grandes peinetones de marfil;
que nunca, dice mi padre, ni aún en las fiestas
besaban a sus hijos varones.

Cuando los hombres volvían con sus presas del mar
cobraban su sentido aquellas ceremonias.


CUANDO SOBREVENÍA
EL ABURRIMIENTO


Cuando sobrevenía el aburrimiento
nos tendíamos en la arena con los niños
a la espera de nuestros buenos pescadores.

Todo era fácil en la tierra del sol.

Sin embargo el mar en tiempo del otoño
echaba sobre nuestros hombres su mirada
llamándolos a unirse con él y para siempre.

No te embarques en las desoladas mañanas
cuando siento en mi corazón la sudestada
cuando golpea contra mi cabeza el viento sur.

Sin hombres nuestro destino sería diferente.


EL PRIMER DIA DE
PRIMAVERA EN LA MAÑANA


El primer día de primavera en la mañana
hincábamos nuestras rodillas en la arena
y nos despedíamos para siempre
de aquellos
que habían muerto en el invierno.

Faride, la abuela
tomando a los más pequeños de la mano
mostraba el mar y les decía:
el mar está maldito,
mata a nuestros hombres por placer
su perversidad no tiene límites.
El llano nos espera.
Nuestro porvenir
la guerra
contra el llano.
Dominaremos la pradera.

Todo era difícil sin violencia
Faride empecinada
quería que los elegantes hombres del llano
casaran con nuestras mujeres.
Todo era difícil
cuando con lo único que contábamos
era con el amor.
Faride empecinada
montada en un caballo blanco
como la nieve de los Alpes,
abrió sus brazos hacia el cielo
estrelló su mirada contra el enemigo
y ordenó avanzar.
Avancemos
hijas
todo está perdido.


JUNTO CON LA BATALLA
PERDIMOS TODAS LAS
ESPERANZAS


Junto con la batalla perdimos todas las esperanzas.

Me ofrecieron para quedarme con ellos
un arcón lleno de libras esterlinas
y una muerte segura en el mar
al amanecer, un día de tormenta.

Faride permanecía en silencio
y un gesto de dolor cruzaba su rostro.

Me ofrecieron impregnar mi cuerpo
con olor a jazmines para siempre
regalarme una capa de seda natural
y un anillo que atestiguara mi poder.

Faride rasgó sus finas vestiduras
para mostrar su pecho acribillado
por la metralla enemiga.

Hijo mío
en el mar no hay destino para los hombres.

Viajarás por el desierto hacia el sur
cruzarás el misterioso océano
hasta llegar al Río de la Plata.
Cerca de sus orillas fundarás tu ciudad.
Te nacerá un hijo en primavera
que llamarás Miguel.
Pondrás en su piel el color de los olivos
y en su mente el poder de descifrar los sueños.


LLEGASTE EN UN BARCO CUALQUIERA

Llegaste en un barco cualquiera
en tercera, con otros inmigrantes.
Con piedras y viejas maderas de cajones
pusiste, en Barracas, tu ciudad.

En tu primera carta a Faride le decías:
que estabas en el sur
le hablabas de tus amigos los feriantes
como si hablaras de guerreros.

Faride Faride estrella luminosa
tengo en mi corazón tu pecho ametrallado.

Aquí estoy en el sur
donde el amor sólo acontece al amanecer
cuando recuerdo tu mirada.

Del Río de la Plata puedo decirte
que es ancho y generoso como nuestro mar
sin embargo
no tiene embarcaciones
y nadie muere en él a causa de la pesca.


JUGAR JUGAR HASTA MORIR

Jugar Jugar hasta morir
como decía el testamento del abuelo Naur
que no puede mentir
porque Naur ha muerto.

Ha muerto de tristeza en el desierto
y no de sed huyendo temeroso
como cuentan algunos extranjeros.
Naur, es cierto, tenía en su semblante
restos de algún pasado misterioso
-homosexual o sádico decían las mujeres-
Sin embargo Naur hablaba siete idiomas
y tenía
en los surcos de la cara marcada inteligencia.

Cuando hacía el amor
no era precisamente un hombre del desierto
se le notaba, se veía en el alboroto de sus cabellos
un aire ciudadano.


YO SOY MIGUEL EL NIETO DE
NAUR Y DE FARIDE


Yo soy Miguel el nieto de Naur y de Faride
pero también a causa de los ojos de mi madre
nieto y bisnieto de araucanos
fruto abierto al sol hijo de los ángeles.

Cuando mi madre recuerda a Valdivia, el asesino
puede verse en sus ojos al trasluz
a Caupolicán en pie de guerra
dueño de todo el horizonte.


ÁNGELA MI MADRE

Ángel de ángeles
Ángela bien amada
Hija de Antonio bisnieta de Lautaro
tenías cuando joven de los indios
la forma de pintarte los cachetes
y tus redondos pechos campesinos
donde bebí la leche destinada
al rey de los arcángeles.

Cuando tu voz llamaba mi nombre
en la penumbra
todo era luminoso en torno de tus ojos.


ABUELO

El humo de tu pipa nos hacía toser
o se metía en nuestros ojos
junto con el verde color de los olivos
y la parra
cayendo a pique
como los aviones y como los pájaros
cazados con la gomera o a mano
según las estaciones.

De tu pipa salían el humo y las historias
que nos ponían lágrimas en los ojos.

Era una mujer hermosa, nos decías
desnuda
traída por el viento
envuelta entre las hojas del otoño.



SALVE I O MARIA LA LOCA

Para recordar reúno las palabras
de la alegría de otros tiempos
tu cara de mujer.
Vivías simplemente en el cordón de la vereda
con tus pies bañados por el agua podrida de la calle
y el corazón
violento corazón donde mis años corrían lentamente.

Te llamaban la loca María
María la bruja
María la que alojaba en su mirada
el tiempo de morir.
Aquella opaca y misteriosa señora
que tenía en sus brazos ágiles bailarinas.

Como una maga María, como una dulce maga
encantabas mis sueños infantiles
y arrojabas en mis desolados castillos, tu presencia.


SALVE II O MARIA LA HECHICERA

Cuántas veces perdido en tus amables brazos
María la hechicera
recorrimos los canteros donde crecía la alegría
donde el amor y los malvones
se regaban con la misma firmeza
con que las aguas
bajan de las montañas en primavera
para regar los campos araucanos.

Tú reinabas tu reino, allá en Pompeya
tu mar y tus espumas
eran las manos del abuelo Antonio
tocando la guitarra o encendiendo su pipa
con el rojo carbón entre sus dedos
y un corto silbido, para llamar a Juana
la oveja, su inseparable compañera.

Cuántas veces tu sol era los ojos ciegos del abuelo.
En Mon y Tabaré te sentabas
con un pañuelo negro en la cabeza
y en tu falda
doce panes calientes
cocidos en el barro con tus manos
como cuando eras niña
y a orillas del Limay
Caupolicán pasaba su belleza.


SALVE III O MARIA APASIONADA

Tendidos en el patio
cuando me enseñabas tu nombre y los colores
esas raras combinaciones del verde con María
en las desoladas tardes del verano
cuántas veces besé tus pómulos salientes.

María
roja como la sangre
María apasionada.


SALVE IV O MARIA DADORA

Tal vez no sea necesario decirles que los amo
con la misma violencia de las lanzas
matando al enemigo blanco en las praderas
o la empecinada suavidad de los interminables telares
azules contra el viento.

Tal vez no sea necesario decirles que en mi piel
-territorio de paz donde se anidan
los espejos del tiempo-
vuestros rostros más puros se reflejan
violentos de placer.

Tal vez no sea necesario decirles que he gozado
como gozan los niños cuando se zambullen
exactamente en medio de la tormenta
entre los pechos de María Dadora
Diosa lechera
bruja nacida para amar.



CERTIDUMBRE

CERTIDUMBRE

Puedo ponerme triste
por aquello que nos diferencia
y aquello que nos une.

Me identifico:
Soy un hombre del sur
Parado
los vientos cálidos pasan por mi cabeza
y los fríos
por mis pies.
Mis genitales miran hacia oriente
donde nació mi padre
donde crecen los linos
donde el amor -me dicen- y los ríos
son parecidos en el color y la frescura.

Conozco de los pasos hacia adelante
y de los pasos hacia atrás
de las peligrosas caídas
y de los saltos hacia el cielo.

Tengo
ciertas costumbres extranjeras
en mi país,
hago el amor y sueño.


ELLA

Era septiembre en la ciudad
y nosotros, hacia el amor, crecíamos
apresuradamente.

Anclar no había sido nada fácil
Tu cuerpo conservaba inalterable
su piel oscurecida a causa de los vientos
y de los peces comidos bajo el sol.

Extendida
tenía tu piel
la longitud de mi mirada.

Como un presagio
o como algo todavía más terrible que un presagio
recogías tu piel
como se recogen algunas redes marineras
con los movimientos precisos
los gritos necesarios.

Lo único desmedido
tus ojos desorbitados por el placer.
Tu mirada de loca.


ALGUNAS DE ELLAS

Ellas se vestirán livianamente para apurar la tarde
se despeinarán
encenderán cigarrillos en nuestra pieza
leerán por primera o segunda vez
nuestro nombre impreso en papel ilustración.
Se quedarán esa tarde y la siguiente
hasta que tengamos que salir como las putas
a la calle
a cambiar de pensión y de familia.


OTRA

Ámame con la violencia de las amantes griegas
que suelen perfumadas esperar a sus hombres
en pequeñas alcobas de tierra en las colinas
porque tengo en el alma profunda una tristeza.

Ámame con la esperanza de los sacerdotes fenicios
que solían navegar junto a sus fieles
en alocados mares de variados colores
porque tengo en la mirada serena una tristeza.

Ámame con la furia de los famosos tigres de bengala
que suelen silenciosos esperar a sus presas
en sospechosas guaridas en medio de la selva
porque tengo en la boca sedienta una tristeza.


OTRA

Sonia aparecía como una cara en la nieve
como una cara en medio de una estepa solitaria
o como sobre las colinas en invierno.

Sonia venía del pasado
en su cabeza traía
un pañuelo de seda azul-marino y en sus ojos
el fragor de las batallas en las orillas del mar
[Caspio.

En sus orillas desplegué mi cuerpo
y violenté contra la luna
el cuerpo
de los más jóvenes y apuestos combatientes.

Morían entre mis brazos
como pequeños pájaros heridos.



POEMA II

Tratar a la mujer de uno como si fuera un animal salvaje
Caminar al lado de la bella Olga
la que codician y aman en secreto
la que tiene en la cara el sol de la llanura
y en su sexo
un corazón ardiente y luminoso
llama de amor.

Que sepa que sabemos que ella desea el universo
Carne sumisa al placer y a mi carne y donde todo sería
[insuficiente.

Violentemos su ceguera
abramos sus ojos a nuestro cuerpo
como cuando los días de las grandes pasiones en viejas
[posadas
donde mujeres extranjeras hacían de nuestro cuerpo
la fuente de la juventud.

Digamos frente a ella las palabras de la incertidumbre.
Te amo y amo al mundo.
Deseo los colores.
Amo las plantas verdes de savia en el verano
y en las tardes de otoño, extraño con dolor,
el brasero de amor con que mi madre
calentó nuestro cuerpo.

Te amo y estoy enamorado de mis versos y amo de vos
precisamente
tu sexo femenino
tu cara de mujer.


POEMA III

Allí donde la tierra desangra sus jóvenes claveles
allí te espero.
Entre la sangre y el lejano carmín del humo del cigarro.
Entre las soledades
estos viejos papeles manchados por tu risa
-entrecortada al alba-
y tus miserias como anchos y calurosos abrazos
y las diademas sobre tus pechos abiertos en el mar.

Allí donde los dioses tejen el vuelo de los pájaros
allí te espero.
Blanca extranjera mía perdida entre el tumulto
y el misterioso volar de las alondras en tu cuerpo
alondras en tu cara, nada de pájaros cantores
sólo tu sexo
sólo el volar de las alondras
-antiguo y silencioso-
hacia el aroma de tu sexo.


POEMA V

Volver por las noches para espiar sobre tu cuerpo
las pequeñas y brillantes marcas del amor
era algo a lo cual estábamos acostumbrados
y sin embargo hubo una marca insoportable.
Una marca que señalaba otro destino
para tu cuerpo de mujer.

Una marca celeste, abierta, en lo profundo de tu carne
-cielo de nubes y de alcántaras
fuego sagrado abierto a todos los horizontes
amada
rosa sin fin como metralla luminosa
encegueciendo sin dar tregua los ojos enemigos-.

Herida insoportable, tajo de amor, en lo profundo de tus
[ojos
-mansa vaca dorada, paciente tejedora,
tu mar de fondo
tiene el color del bronce que en su mirada
suelen tener los grandes asesinos-.

Devastadora
voraz incendio de los bosques.


EN MI ESTABA LA FURIA

Abriendo los candados de mi pecho
nos encontrábamos con ella haciendo pruebas
tratando de saber.
El, solía preocuparse
de regar por las tardes, sereno, la magnolia.

Ella hablaba de menos y al parecer
los días de niebla en plena calle
abría sus ojos para iluminar
a quienes ya nada tenían que perder.
Manso como la muerte
él
tenía treinta y cuatro años y una vida violenta
hacía versos y decía: pertenezco al pasado.

En mi pecho, en medio de mi pecho
rompiendo definitivamente la puerta cancel
que me separa de ella, podemos verla practicar
peligrosas jugadas de ajedrez y tiro al blanco.
Él, sabe que tantos preparativos son para la guerra
y sin embargo
le propone a ella, en medio de mi pecho, un extraño
[festín.


LA CALESITA

Vinieron hacia mí creyendo que la hora,
en que los lobos callan desesperadamente,
había tocado mi corazón.
Aullar no era necesario todos los días
y sin embargo los que llegaban
hacían preguntas acerca de mi voz.

-Se atragantó con las estrellas
de las serenas noches de noviembre
y su sed calmó las torrenciales lluvias
en aquel silencioso y triste verano
donde las algas marinas y los helechos
crecían desaforadamente azules, dispuestos a matar-.
Bailando, callado, en torno de la hoguera
acercaba a los distraídos turistas
al borde del abismo.



LOS INOCENTES

LOS INOCENTES

Los inocentes vienen a preguntar
todos los días
a cuántas personas deben matar
para transformarse en asesinos.

Cuando preguntan
sus ojos
brillan de una manera especial.

Los inocentes y los asesinos se parecen
en el brillo especial de sus miradas.


OLGA, MI MUJER

Amar la vida
atarme al atardecer en la cintura los revólveres
y a medianoche
hartarme de las cotidianas y extrañas ceremonias.

Tener que conseguir agua para beber
y espantar con mis gritos
animales salvajes lejos del hogar. Precisamente a
[medianoche
cuando aúllan los lobos y los perros y los hombres
desean de su prójimo la mujer.
Luna de medianoche, tu cara
amada por los animales salvajes
que danzan y se mueren a mi alrededor
cegados por el azul violento de tu sexo.
Amada
Luna de medianoche bebiendo del arroyo
la sangre de los hermanos muertos en batalla
y el semen de blancos ruiseñores.

Amante del misterio
tu voz
inicia los últimos rituales en tu cuerpo
condenado a realizar trabajos forzados.

Tocarte la cara con mis manos
obrera del amor.


MIGUEL MÍ MISMO

Cuando pueda elegir
elegiré ser Dios de la montaña
vivir en medio del Olimpo entre las azucenas
y los viejos olores del laurel
bebiendo
bebidas cálidas y alcohólicas
y danzando alegremente con Zeus
mi patrón.

Y si no me dejaran
elegiría con mi mujer un valle que conozco
un valle azul en Catamarca
donde pensamos e hicimos el amor
y hablamos largamente de la guerra.

Y si no me dejaran
elegiría una tarde de mar junto a mi hijo
el que tiene en los ojos el color del almendro
o estar sentado debajo de los cedros
con mi padre en el Líbano oliendo los azahares.

No elegiría nunca morir a medianoche
junto a mi madre bañados por la luna.
Elegiría no morir.
Como aquellos famosos dioses de la montaña
tomar mi vino en altas copas de cristal
con Zeus
mi patrón
y saltar locamente
de un lado a otro lado del Olimpo
hablando de mi cuerpo.


MANIFIESTO

Albatros, albatros celestiales cantores de mis penas.
Sufro porque no conozco el África Negra
porque nunca vi brillar en la espesura de la niebla
diamantes o rubíes o flores escarlatas.
Sufro por el dolor de las mujeres
completando su ser en mi mirada.
Por mis hermanos muertos
de los que sólo cuatro murieron en la guerra
el resto murió al amanecer
de tanto hacer la paz por las cantinas sucias
empolvadas de mierda o de los suaves olores del orín.
Me place mirar a las mujeres.
Me placen las llanuras
allí donde mi amada -potranca azul-
tiende definitivamente su cuerpo al viento y sacia su sed.
Amo yerbas y especias orientales
cálidos aromas
que no diré que me recuerdan precisamente mi infancia
pero sí la infancia de mi padre.
Infancia de los cuentos donde siempre hay un sabio
bajo forma de niño, de loco o de cantor.
Porque no quiero que me devuelvan regalos
ni ninguna de las fortunas concedidas.
Porque quiero leer tranquilamente
en el balcón de mi casa mis poemas. Besar tranquilamente
los senos de mi mujer en las cuatro estaciones del año.
Porque de nada me separo y a nada me adhiero.
Porque cada movimiento será sin lugar a dudas
un movimiento completo que gozará de incompletud
para que no le sea preciso detenerse.
Porque cada vida será porque en el principio fue la muerte
y será completa e infinita hasta morir.
Porque buscar, buscar eternamente no carece de nada.
Tengo y lo sé, esa es la verdad.

viernes, 15 de enero de 2010

Miguel Oscar Menassa. Obra poética casitotal [1961-2011] -IV-

1970


a OLGA

porque sus ojos tienen el color de ciertas praderas, de ciertos encuentros con el placer. Porque yo puedo tenderme con la mayor tranquilidad en sus praderas o en su tiempo. Su tiempo, tiempo de primavera, donde mi belleza adquiere la ferocidad de los astros.


LAS LAPIDAS SIEMPRE SON DESAFORADAMENTE PESADAS

No comprendés, la distancia es el mar, las mil leguas marinas que nos separan irremediablemente.

Cuando estábamos todos en el puerto, todos éramos iguales.


Después llegó la hora de embarcarse, la nave construida, las amarras rotas.

Yo preferí el mar, vos la tierra.

Desde el mar te tiré los cabos necesarios, las escalas necesarias. Fue imposible. Desde la arena me hacías señales luminosas incomprensibles; recuerdo una noche que me entretuve en las señales, casi me voy a pique.

Después el mar me fue ofreciendo nuevas palabras, nuevas conjeturas, mi piel en tanto iba adquiriendo las características de los viejos lobos de mar. Mis aullidos eran aullidos desprovistos de fe. Lo importante era emitirlos y no que alguien los escuchara.

Mi barco era pequeño y veloz, vos no pudiste soportar tanta velocidad.



LOS OTROS TIEMPOS

Tremenda esta vida, Perkins
cuando recuerdo mi pasado.

Los sepultamientos innecesarios, me pregunto
el mar inhabitable
¿Dónde estarán las luces las luciérnagas, el fuego de San Pablo?

Cómo no recordar con nostalgia las fresas
[marinas
las uvas marineras, las mujeres oceánicas.

Dónde la luz, Perkins, que encegueció al
[viejo Cat.

De puño y letra te escribo estas líneas
para decirte que te quiero.
Me place decirte, además,
que otros aires, que otros peces
son los que me preocupan.



LA MUJER DEL CAPITÁN CAT

De las mujeres mejor no hay que hablar.

Hasta aquí todo lo que puedo decirte
el resto palabras
sugerencias
Cat
celebraciones increíbles.

Celebrar, por ejemplo
que hayas podido regresar del mar
que estés conmigo ahora
que nos podamos emborrachar juntos.



PIRATA MORGAN O RECORDANDO CON IRA


Los que no son
vienen
palmean mis espaldas
me hacen sonrisas cómplices.

Me hablan del mar.

Me cuentan fábulas de ballenas
ballenas voraces
queriendo invadir la capital del sur.

Quieren ver el arpón, Perkins,
las huellas de mis manos en el arpón.

Les digo que golpes de sol bañan y perfuman
[esta soledad
Les cuento del dolor de los peces a causa de
[la contaminación
A causa de la contaminación, les digo,
y del violento sol de ese verano loco
los ojos del Capitán Cat
miraban
con la feroz mirada de los soldados en la
[guerra.

La vida de los marineros
es una vida sin esperanzas nos decía.

Les muestro, sí, algunas viejas cartas de
[navegación
Algunas fotografías con el torso desnudo
rodeado de palmeras y ballenas muertas
a causa de mis veinte años y la ferocidad
[de mi mirada.



LA MUJER DEL PIRATA MORGAN

Ella entiende, dice que entiende, se mueve
Bien,
digamos que no es precisamente una gacela
[cuando se mueve.
Me mira, entiendo
ojos de ser penetrada
Este es el mar
le digo
el tremendo mar lleno de olores.
La pasión
las ballenas asesinas
los tres días de lucha.

Quisiera envolverla con mi piel
en mi tremenda red envuélvelo todo.

Y su cuerpo, un cuento de sirenas
que a veces les cuento a mis amigos
Cat, Perkíns
porque para mí
su cuerpo es el viento
EL MAR
la tierra donde no quisiera volver nunca.



PERKINS NO TENÍA MUJER

Y te atraparé para siempre
con algunas palabras luminosas
que conoceré casi perfectamente
en el momento de soltar amarras.

Quedarás
posiblemente o casi seguramente
INMÓVIL
a un metro de mi boca
bailando
haciendo gestos
verdaderamente salvajes para tu lentitud.

Mi cuerpo se alegrará
a causa del giro de voz de estas palabras
aprendidas especialmente
para desorientar
al ENEMIGO que sos.

AMIGO, tu piel
recuerdo tu piel en la batalla de Verdun
donde los enemigos eran todos
hasta tu propio corazón.



PERKINS

Él era como dios
pero decir que estaba en todas partes,
[era poco.

Con su corbata negra, con su camisa de seda
[natural
parado
en plena mar
en el centro del barco ballenero
él, era el mariscal del aire.
Del aire, os digo, por su elegancia al respirar el mar
al tenderse, al detener su cuerpo marino
como un alga o como una madrépora.

De una elegancia de una deshonestidad
para guiar el barco ballenero.



CAPITÁN CAT

La vida de los marineros es una vida sin
[esperanzas.

Yo soy el capitán Cat y quiero decirles
que el mar, fue mi mejor amigo.

A Morgan y a Perkins, los conocí
en un café de la calle Córdoba
lejos del mar.

Teníamos una manera distinta de vivir.
Para mí el mar era la vida misma
Cuando en el puerto esperaba el regreso de la
[tripulación
nunca tuve miedo.

Yo soy el Capitán Cat
y esto es cierto.
Cuando Perkins y Morgan en alta mar
pretendían atemorizarme
luchando como adolescentes
contra el mar
las ballenas asesinas o alguna embarcación
[inglesa

-que para esa época eran terribles-
Y Perkins con su corbata negra
Y Morgan dale que dale con el arpón;
yo solía entretenerme con Rosie Probert y
[esas cosas del amor
y mi madre muerta dentro de mis ojos sin luz
como si todo el universo estuviera en mis ojos
y todo el universo era el mar.
Mis ojos y el mar se parecían
y la aventura era sin dudas, para mí,
mi madre enloqueciéndose dentro de mis ojos.



IN MEMORIAN

Al Capitán Cat
A Perkins
A Morgan
sobre todo a Morgan

Por tu culpa y a causa de mis ganas
intento
saltar desde la nada
de donde vocifero que alguna vez
hubo de ser cosa de todos los días
eso de andar colonizando
mares desconocidos o tierras predispuestas.

Saltar desde la nada
te digo
hasta tu juventud
para que sea la violencia
por mis palabras como tambores locos
BATIENDO
ENSORDECIENDO
EMBRUJANDO TU NOCHE
CAPITÁN CAT

Ángel del cielo, caído para siempre
sin pasaje de vuelta
Morgan, perdido para siempre en la tierra
Sin guía de retorno
Condenado a detener el mundo
a causa de la ferocidad de tus manos
PARA QUE YO PUEDA BRINDAR
sin que me lleve el viento
sin caerme en algún giro sorpresivo de esta
[tierra
emputecida ahora por el dolor
de tenernos encima
montados a caballo
CAPITANES DEL MUNDO

Por el crecimiento de tu barba
Por las naranjas salvajes del Canadá
Por los indios muertos en el Cañón del Colorado
¿Recuerdas?
El 14 de mayo de 1874
por un mal movimiento del jefe de la tribu
perdieron el equilibrio
se les llenaron los ojitos de tierra
la cabeza de pensamientos
murieron de un golpe de calor
calor a la cabeza
en pleno cañón del colorado; ¿te das cuenta?

Por el verano junto a Rimbaud cerca del mar
Tendré oro, seré ocioso
y brutal, nos decía.

Por tu mano derecha
la que te apoya a veces en mi hombro
la que te da vino, la que te pinta
la que te toca a un metro de distancia las pieles
[compañeras
Por el dedo medio de tu mano derecha
COLOCADOR DE PERLAS
Por tu prestigio como encontrador de túneles
sospechosos
de cavernas cerradas a la vida
-por alguna desgracia personal de la
infancia-
Por el sol de noche que te prendí en el rostro
Por las palabras que te di en el testus
que casi te lo rompo
Por las amarras sueltas
PERKINS

Desde la vida donde reino
cantor de los cantores
lanzado por una contracción de la tierra
preñada para siempre
hasta tu juventud
para que sea la violencia del misterio
Brindo por tu crueldad, por mi crueldad
POR LAS PALABRAS COMO TAMBORES
[LOCOS
Por la belleza en la longitud de tu rostro.

Y pregúntame por el amor,
ahora
que me brotan claveles en las manos
claveles apacibles para engañar al enemigo
claveles rojos, pardos, CLAVELES ASESINOS
claveles sin piedad, claveles brutales
para ponerse en el ojal y hacer de TURROS.

Y dale pregúntame por el amor, ahora
Que te cuento las peripecias de Perkins en el mar
PIRATA MORGAN



LE TENDÍ LA MANO. LA MANO LE ALCANZÓ



Y NOS QUEDAMOS SOLAS


Mi Capitán, mi bello Capitán
muerto de muerte natural
a causa de tus años.

No lloro tu figura
Ni tus desplantes marineros
Ni tus ojos perdidos en la batalla de Verdun.

Lloro tu piel de cortesana
Capitán
Tu voz al oído, tu boca en la cerveza.

CAT
DULCE
CAT
Qué pasión, qué crimen habré de necesitar
para olvidarte.

Qué tifón
Qué vino
Qué mar mediterráneo
Para desencallar tu barco ballenero.

viernes, 8 de enero de 2010

Miguel Oscar Menassa. Obra poética casitotal [1961-2011] -III-

1966



INTENTOS AUTOBIOGRÁFICOS

INTENTOS AUTOBIOGRÁFICOS
Primer intento:
Nací en un barrio, Parque Patricios; crecí sin grandes contradicciones. Un hombre es un hombre; una mujer es una mujer.

Segundo intento:
Entre sueños veía monedas de oro y un enanito encantador tocando una corneta.

Tercer intento:
Tomaba mi sopa todos los días y rompía baldosas sin cesar en el cordón de la vereda, después vinieron los tiempos de la ronda y mariquita no me toqués, que te rompo la jeta.

Cuarto intento:
Se llamaba beba, bebita corazón de limón, yo tenía diez años, ella ocho. Beba, bebita corazón de limón, vení, no seas sonsa, vamos a buscar el látigo debajo de la cama.
Hoy podría hasta no reconocerla.

Quinto intento:
Los miércoles era el día de los funerales, es decir el día de más propinas en la capilla de San Miguel; los muertos vivos, rezaban por sus muertos muertos, y ponían la guitita en la alcancía especialmente preparada.

Sexto intento:
Mi madre nació en Pompeya, cerca de una iglesia; mi padre nació en Tiro, cerca del mar, de ahí mi solemnidad. Mi madre solía contarme historias de amor.

Séptimo intento:
Yo era pulcro y me lavaba todos los días el corazón. Después vinieron los veranos violentos; y lo que pasa es que vos no te lo permitís, y a vos qué te parece, y una corbata es una corbata.

Octavo intento:
Fui vendedor ambulante, feriante, estudiante de medicina, caminador, caminador incansable, actor de teatro, psicoanalista fuera de la ley, carpintero, enamorador de viejas adineradas, en mis años juveniles, en mis violentos años juveniles. Digamos que todos estos oficios, fueron delicados, como el agua de rosas, digamos por ejemplo que me gustaría tener un caballo de carreras, como en mi infancia me hubiese gustado tener una bicicleta, un tren eléctrico y un cachorro de leopardo.
Digamos por último que me gustaría ser cantante de ópera, y lanzarles grititos de amor, desgarradores grititos de amor a las jovencitas de los primeros palcos.

Todo fue como vos y yo creíamos. No hubo soledad ni piedra dura que romper ni altura inalcanzable. Y fue entonces cuando nos condujimos de otra manera. Sin límites, sin la mala costumbre de la risa hasta el dolor.
Y nuestros amigos y enemigos comenzaron a preguntar por qué.



22 POEMAS Y LA MÁQUINA ELECTRÓNICA

EN LA CIUDAD
La soledad del parque
ha vuelto.

La soledad del niño
que no se puede dormir
pero tampoco levantar
ha vuelto.
Qué hago con ella ahora
cuando no quedan
parques que frecuentar
ni habitaciones donde dormir.

COSAS DE LA CIUDAD
Toda la gente
todo su alrededor
sus veinte años
todos la vieron jugar
jugaba a la vida
caminaba en sus sueños a la guerra.
Su madre, amante de los solitarios,
solía cantar con sus vecinos.
Un día, el otoño, se hizo frío de golpe
y ella conoció su llanto
cuando vio sorprendida
que los ríos
secaban de tristeza,
humedeció la voz de su madre,
la partida de octubre,
el canto de sus vecinos,
la fotografía de su padre.
Y así, tan dulce
como una revolución
se acostó sobre la ciudad
y abrió sus piernas
como para que todo el mundo
la amara.


A NORMA

ELLA DEL LLANTO Y MI PADRE
Ella lloraba siempre a medianoche
ocultándose entre las ramas oscuras
que se desprendían a veces
del último momento de la casa.
Detrás de mi padre
-que se levanta
en otoño temprano
para secar el agua del llanto
o beberse del cielo
el primer aliento de la mañana-
ella lloraba siempre de la misma manera.
Pero algunos días afortunados
-recuerdo en primavera-
encontraba monedas en su llanto,
corría para tenderse en el aire
y amar desesperadamente.
Cuando mi padre se levantaba
incapaz a la hora del llanto
ella, que sabía mirar alegremente
bailaba un amor a su alrededor
diciéndole mentiras.


CONSCRIPTO CLASE 40
A veces te pierdo.
No sueles estar en los ojos
de ningún marinero de mi país.
Ellos son altos
y hablan de sus mujeres
voluntariamente casadas con ellos
voluntariamente cansadas de ellos
casualmente enamoradas de otros.
Tú no apareces en sus ojos
pero en verdad
ellos no saben de ti
más que estas ganas mías de decirles:
hace tanto tiempo que no la veo
ella es dulce
como el corazón de vuestras abuelas
ella no está cansada
y, si no aparece,
es porque le gusta ser misteriosa.
Los ojos de los marineros de mi país
son de un color ronco,
mas ella, a veces, se complace
en convertirlos en tardes de verano.
Cuando esto sucede
ellos miran dulcemente
mi tremenda manera de saber estar solo
y al continuar sus caminos
se acuerdan de sus mujeres.


ATENAS
Atenas era la muchacha
que tenía un país entero en los ojos.
Los peces la remolcaron hasta más allá
de las cañas altas
y ella comenzó a sentirse sola
antes que sus ojos fuesen color país.
Solía caminar desnuda por el cielo
y decirle a Dios
que la corriese
que la mirase
Ella y los cuentos se parecían.
Cuento:
nació en el puerto
entre maderas de amor
golpeadas por hombres sucios
y una canción de golosinas.
Ella:
un día era rubia
luego nació su corazón
y los hombres le compraron juguetes.
A veces
se atrevía
hablaba de su padre.


EL TERROR DEL PUERTO
Las casas se desprendían hacia el mar
como palomas
sacudiendo sus ventanas
hacia la calle
hacia la ciudad.
Los muchachos pecaban misteriosamente
en sus cuerpos
esperando que alguna sirena tipo francia
los atrapara, para amarlos
en el fondo del mar
(ella podría besar sus hombros desnudos
y hasta sus sexos deslumbrados,
por esa voz que desconocen,
salada por el mar ,
diciéndoles palabras terribles
para sus años)
Algunos hombres silbaban.
Muchachas extranjeras
no vírgenes, pero pulcramente vestidas
miraban el mar.


LA PRIMERA INQUIETUD
En las mañanas de febrero
mes de las uvas casi todos los años
mes de las lluvias en algunos años como éste.
Cansados, percudidos por este calor insoportable
que no aguanto más, querida mía.
Alegre o desconsolado, sólo en la ciudad miserable y querida,
esperando la muchacha prohibida para el juego que haremos.
Sorprendidos
enteramente sorprendidos de nuestra indolencia
de nuestra falta de crueldad para el amor
para la firme juventud de ahora.

Febrero llueve la ciudad
maldita enamorada
dulce ciudad de Buenos Aires
donde en las mañanas uno puede
hacerse a la tarea de los nombres definitivamente aprendidos
a la tarea, de no te vayas querida
ven, juguemos juntos a la mujer y al hombre.
Desesperados. Atormentados. Enamorados. Libres.
En esta tierra ahora,
donde la lluvia hace verdes tus olores, el corazón
el exacto momento de las maravillosas palabras.
Comenzar.
Arreglar los miedos a la medida del amor.
Las lluvias a la medida del amor.


HE COMENZADO LA MAÑANA...
He comenzado la mañana
ágil y fresco
amante de las bondades naturales
de los viejos poetas
Poniendo el oído en el vientre de mi amada.
Escuchando
toda la historia de la poesía moderna
hasta el canto del río
hasta el canto de los nuevos poetas.
No hay rincón oscuro en la mañana.
Sol alto Sol fuerte Sol abierto
no respeta el amor.
-En la mañana se debe tomar café con leche-
Nada de besos de terror.
Besos de amor en la cama de los grandes poetas.
Mi mujer canta, alegre y cantora en la mañana.
Ha gozado.
El gran sol pasa de largo. Inunda la habitación vecina.


LA CALESITA JUEGO PARA NIÑOS
Recorrer las calles de mi barrio
sueltas las amarras de mi niñez
no es mi oficio.
Camino con los hombres hasta cansarlos
de tanto hablar de la ciudad
que cada día descubro
en mi amada tímida y de la provincia
en mis amigos
que se toman sus vinos y sus mujeres.
En la capacidad de la tierra.
Salto, desato el corazón
y empecinadamente invento
gestos y palabras para el amor
como los pescadores del pueblo de mi padre
redes y barcas para la pesca.
Padre ya no tiene su juventud en casa.
Su pueblo y las mujeres de su pueblo
se han perdido en Buenos Aires.
Esta ciudad que conozco no es un juego para niños.


Esta tranquilidad, esta paz, por la cual somos capaces de cometer los errores más enormes, de hacer las más felinas trampas, las traiciones más oportunas. Esta tranquilidad, esta paz, algunas veces es el amor.


LA REALIDAD JUEGA
JUEGA CON NOSOTROS
Yo he pagado mi boleto
he sacrificado mi nombre
exijo mi viaje de placer.
He hecho muecas feroces en lo real.
pero ella no se aleja de mí
más que la longitud de tu rostro.
El hombre vuelve siempre, siempre vuelve el amor.
Estupendo
los solos mueren solos
los acompañados los tercos
los sacerdotes vagabundos
los suaves mueren solos.
Nosotros, los poetas,
que guardamos aliento
para pegar sin respeto a Dios
para escupir los rostros
no debemos morir.
Morimos solos.


CONOCIMIENTO
El hombre solo, solo a la fuerza
porque tiene una gran voluntad
-me las aguanto y listo-
hace llamadas telefónicas
se deja caer voluminoso
seguramente en una cama
un diván
un suelo querido por él
por ellos.
Todos los cuentos son iguales.
La mujer sola se tiende antes de sonreír
examina sus ropas
su cuerpo disponible.
No habla. Aprieta sus piernas con dolor.
Cada cual a lo suyo como pueda
la calle a la calle
el hombre al hombre y basta.
Si te propongo el cielo no me creas.
Dame un beso ahora
luego hablamos.
El hombre solo muere de bronca un día
y nadie sabe.
La mujer sola sonríe desde hace mucho tiempo.
No habla. Aprieta sus piernas con dolor .


CAMPO ALEGRE
La tierra se enfurece o descansa
cuando las manos del campesino
se alejan corriendo velozmente al pueblo
donde mujeres abiertas como el mar
lo esperan.
Madres de amor
hembras de amor
cantan y escupen tus espaldas.
Aquí donde tu piel olorosa se agita
tú sabes del dolor de los surcos
cuando tus manos se agigantan.
El amor se agiganta.
No se te parte el corazón
La sangre no se vierte.
La revolución también espera.


DESCANSO
Vuelve el rumor
acrecienta las formas de la primavera.
Robusto calor de diciembre
despedaza los frenos.
Hierve la soledad
se quema el hambre.

Mujer sola con vestido de noche
Canta
Canta
Dulce canción para mi sueño.


ERAS JOVEN...
Eras joven
no te bastaba el amor
tus grandes ojos no bastaban.
El río, las escalinatas del río
-un río enamorado o sucio
recordado con amor, odiado
o simplemente recordado-
Una infancia sin fin
algunos nombres
y esa primitiva o heroica
manera de querer.
No bastaban
las mujeres penetrando tu cuerpo penetrado.
Detenido.
Mil caricias detenían tu cuerpo.
Los malos pensamientos no bastaban.
Vos creías que el amor
era empujar y revolver un poco
revolver por lo menos hasta encontrar palabra
una sola palabra.
Una tarde
-el sol estaba en todas partes
tu corazón de sol hasta los ojos
tus ojos, tu joven cuerpo
iluminados alegremente por el sol-
sordo como una tapia
te mataste de bronca.


ULTIMO CANTO
El tiempo pasa para los niños.
No se detiene.
Áspero golpea
de soledad en la ciudad tremenda
los corredores de la infancia.
Madre se queja por amor. Limpia el verano.
Amada vuelca su contenido en la tierra.
Esta realidad no tiene parecido.


LA MÁQUINA ELECTRÓNICA
Hubo un tiempo, mi padre, humilde ciudadano de una ciudad, creo del Oriente, me habla de él. Se llamaba el tiempo del fácil volar. Cada hombre, cada mujer, cada niño tenía su alfombra propia.
Los hombres, una alfombra azul; las mujeres, una alfombra rosa, los niños una alfombra pequeña. En aquel tiempo -según siempre me cuenta mi padre- no existían los ejecutivos. Después, dice mi padre, los hombres fueron poseídos por el demonio y fue así como el mundo conoció la confusión: los niños querían tener la alfombra rosa, las mujeres la alfombra azul y los hombres dos alfombras.
Dios se enojó mucho al ver a sus queridos hijos en tremenda confusión y una tarde, una tarde de verano, dice mi padre, quemó todas las alfombras menos una, como se hace actualmente con las banderas.
A partir de esa tarde, solamente Dios pudo volar y para los hombres vinieron, sucesivamente, las épocas de los caballos propios, de las mujeres propias, de las casas propias, de las fábricas propias.
Pero en estas épocas no ocurría lo mismo que con las alfombras, porque no había ni tantas casas, mujeres, caballos o fábricas, como para que cada uno tuviera la propia. Fue entonces cuando David, sí, el rey David, el sabio, el omnipotente David (su madre le llamaba divanlito) inventó los alquileres. Mucho tiempo después, los alquileres aumentaron. Pero antes de esto, sí, aunque parezca mentira, en la época de los esclavos negros (porque después vino la época de los esclavos blancos), Espartaco, un esclavo mestizo, cansado, pobre, de matar con sus manos un par de leones diarios, inventó una máquina, sí, una máquina que, mientras él leía el selecciones, ella mataba a los leones. Claro que, lo que había inventado Espartaco, no era verdaderamente lo que se dice una máquina electrónica. Pero, si queremos entender esta historia debemos dividir el tiempo en dos, de esta única manera: el tiempo antes de Espartaco, el tiempo después de Espartaco o de las máquinas electrónicas.
Fue después de Espartaco, que cada hombre, cada mujer quiso tener su máquina propia, los niños una máquina pequeña cada uno.
Los estudiosos de la época inventaron varias ciencias y millones de nuevas palabras para explicar el proceso, y fue así como nació el psicoanálisis.
Y así fue como algunos ciudadanos rusos (aquellos que trabajaban más rápido que sus compañeros y gozaban de los beneficios del trabajo incentivado) compraron su máquina y le enseñaron a jugar al ajedrez que, en definitiva, es un juego moral.
Y así fue como algunos ciudadanos norteamericanos (aquellos que habían nacido sin siquiera un octavo de sangre negra- caliente o humana- en sus venas; y que gozaban por lo tanto de los beneficios que todos los hijos de la tribu del gran masturbador primer rey blanquísimo, gozaban) compraron su máquina y le enseñaron a jugar al ajedrez que, en definitiva, es un juego moral. Y así fue como nació la coexistencia pacífica. A todo esto, nadie puede explicarse el por qué, los ciudadanos chinos comenzaron a fabricar alfombras.
A este punto del relato, mi padre comienza a llorar desesperadamente.
Porque hubo en el principio, dice mi padre, Espartaco y su máquina, pero hubo después otros hombres, otras mujeres, en definitiva otras máquinas.
En un principio cada cual por su cuenta, después se formaron equipos. Estos equipos crecieron y se multiplicaron y llegaron a Estados Unidos, donde un judío adinerado compró todos los equipos del mundo, menos uno -que quedó en poder de los franceses- e hizo que todos los equipos trabajaran para él, e inventó el capitalismo, pero "como el dinero que se gana sin el sudor de la frente no sirve para nada" (estas últimas palabras son de mi padre, que no sé por qué motivo él se las atribuye a Jesucristo; otro judío más, inexplicablemente), el pobre judío norteamericano enloqueció de tanto dinero y de tanto dinero y se acostó con su madre. Historia a la cual el psicoanálisis, que ya se había inventado mucho tiempo antes, designó con el nombre de "complejo de Edipo", pero esto en realidad no solucionó nada porque cada tribu tenía su complejo de Edipo propio o por lo menos su explicación propia, que en ningún caso era igual a la de otra tribu. Por ejemplo, la tribu de los descendientes de David (el inventor de los alquileres) decía que el complejo de Edipo era tener una mujer y alquilarse otra. La tribu de los descendientes de Espartaco (el inventor de la máquina) decía que una máquina siempre es una máquina y que no vale la pena ser acomplejado.
Y todo fue así hasta el descubrimiento de América del Sur, y fue entonces cuando se inventaron los países subdesarrollados, los sueldos subdesarrollados, los ejecutivos subdesarrollados. A tal punto, los franceses, que por algo deben de tener su fama, comenzaron a preparar gente para colonizar estas tierras de Dios, que en verdad no eran ni de Dios ni de nadie. Pero a tal punto, el pobre, loco, judío norteamericano había enloquecido que, cuando llegaron los franceses, él ya era el dueño de todas las Américas del Sur y de todas las Américas Centrales, menos una.
Pero los franceses, que por algo deben tener su fama, plantearon la situación a sus poetas; éstos, que entendieron mal las cosas, creyeron que debían destruir todo lo existente y crearon el surrealismo. Después del surrealismo, vino el amor y un ministro de relaciones públicas, francés, enamoró a la hijahermana del judío norteamericano y casó con ella.
Los franceses tenían todavía en su poder la única máquina que no consiguió comprar el ya muerto pobre loco judío norteamericano. Bañáronla con semen de caballos árabes ganados en la última guerra y la máquina tuvo cría como la chancha de tu tía, y los franceses se dispusieron a conquistar las Américas.
Y máquina va, máquina viene, los franceses se capitalizan e inventan la "Ricerca di Mercato".
Los italianos, que ya tenían 17 guerras perdidas y estaban sufriendo una terrible enfermedad llamada de la conversión (los marxistas se volvían católicos y los católicos marxistas), inventaron la palabra CORNUDO.
"Andando y andando, Usted la irá pagando" se vendieron muchas máquinas y volvieron a tomar cuerpo los antiguos equipos, que crecieron y se multiplicaron a su vez, y los franceses (que no por nada inventaron la guillotina) cruzaron todo el mar de las Indias y llegaron a Buenos Aires, descubierta por los bolivianos en el 1.222 y que bautizaron de esa manera en honor de un patriarca árabe, amigo de mi padre. Aire en árabe significa pene, y buenos significa Isabel la Católica, que no era ni siquiera católica, ya que Colón pudo seducirla con su todavía no famoso huevo, y la reina ni corta ni larga, le tendió una mano, y juntos descubrieron y conquistaron Alemania. Pero todo esto había pasado hace mucho tiempo y los habitantes de Buenos Aires ya no lo recordaban y los franceses, por supuesto, nada sabían de esto, porque para ellos, el descubridor de Buenos Aires, había sido el ejecutivo italiano Nerón (tío de mi mujer residente en Milán). Pero todo esto, vuelvo a repetir, es historia vieja, lo importante es que los franceses llegaron a Buenos Aires con sus máquinas.


"Muy joven abrí mis brazos a la pureza. .."
Paul Eluard



FIN DE SEMANA
Hay sentimientos contagiosos, risas interminables, dolores terribles, dolores al corazón.
Tu rostro ha pasado una sola vez por mi corazón y se ha manchado para siempre de sangre, de pura sangre roja, al pedo, porque de cualquier otro color es lo mismo.
Y esa piel deliciosa, esa piel contagiosa como una enfermedad; como para volverse loco, muchacha, con tu piel; tu piel de almendras (para decir una fruta desconocida) tu piel de almendras almendradas y nada más por hoy, cerrar los ojos y repetir todo esto de nuevo.
Sexos iluminados por tu piel arrasan con todo lo posible, me arrasan, hacen volcar mi corazón. Basta por hoy, este cerrar y abrir de ojos puede enloquecernos, una locura demasiado seria como para ganar dinero (una pequeña fortuna a orillas del mar) como para poder cerrar los ojos para siempre a orillas del mar.
Pechos enormes flotan desesperadamente como barcos.


LA GIOIA
Hubo la tierra anterior a nosotros, hubo la desesperación. Las palabras de bienaventuranza, el dolor, el sol. El amor era la nebulosa inexplicable. Hubimos de poner en su lugar las cosas y yo me puse un clavel en el ojal. Hablamos, hemos dicho ceremoniosamente que el agua salada de mar tenía capacidades antirreumáticas.
Mi vientre era dorado y delicioso al sol. Después, la confusión, leche de madre buena, teta grande, para despistar al enemigo. Nos quedamos solos.
Algunos árboles eran verdes para tus ojos, otros no.
Había, eso sí, lo recuerdo bien, algunos barcos.
Éramos dos niños desamparados y antes de hacernos el amor, orinamos, vos en cuclillas, yo parado con mi mano derecha en el bolsillo, el atrio de una iglesia. Vos tenías miedo y te mojaste los zapatos (todavía cuando respiro profundamente siento aquel olor), fue suficiente eso para comprender que ya nos amábamos. Vos lloraste, tus lágrimas coincidieron con la crecida del río Paraná, murió mucha gente ese año.
A partir de ese año tus ojos fueron el viento y ya nadie pudo comprender el tiempo de las lluvias. Tus ojos, con el agua, se ponían del color del mar que conocimos juntos; te regalé un gorro de capitana.
Algunos chicos del barrio que ya conocían tu agilidad, que te habían visto desnuda trepar los árboles, para arrancar las frutas más prohibidas, las deliciosas, cantaban cuando pasabas cerca de ellos:
Capitana Capitana
en el parque de Alabama
tu cintura es de plata
y te gustan las bananas.


CARTA
Bienaventurados los que no creen porque de ellos depende la paz.
Bienaventurada tu piel porque de ella depende mi juventud.
Amor mío:
En esta ciudad donde la confusión se encuentra detrás de cada puerta, detrás de cada oscuridad, amor mío; en esta ciudad donde vos y yo vivimos, es decir, donde vos y yo sabemos, está nuestra historia, nuestra infancia, nuestros desagradables brutos interiores, en esta terrible ciudad quiero decirte alguna palabra, mostrarte algún hecho enloquecedor, algo que nunca puedas olvidar.
Decirte, por ejemplo, que cuando era adolescente vendía fantasías en el mercado Inclán, que tomaba bebidas alcohólicas y me masturbaba sin ninguna preocupación. En tanto el amor me acechaba.
Después o antes, en verdad no puedo precisarlo correctamente, escribí mi primer poema. Decía de claridades amenazantes después de la noche, claridades de temor, permanentes claridades y un beso, eso sí lo recuerdo bien un beso en medio de la muchedumbre. Quiero decirte yo le daba un beso a una mujer y la muchedumbre estaba ahí para mirarme, para decirme, que a esa edad, la mía, estaba muy mal que yo besara a una muchacha.
Pero yo sé bien que todo esto no es lo suficientemente terrible para que te parezca misterioso. Vos conocés todas mis palabras.
Antes de nosotros el silencio, después fue fácil aprenderlo todo.
Qué decirte entonces, qué poder mostrarte, para que rías, amor mío, tan fuerte, como para que ya nadie pueda perdonarte.
Cuando tenía ocho años tomé la comunión y me sacaron una fotografía.
Después mi madre, colgó la fotografía en el patio y debajo de la fotografía un cuadrito con flores que decía, nunca te olvidaré.
A esa misma edad jugaba con las niñas de mi barrio, al doctor, al papá.
Los sábados a la noche dormía con mis hermanas y nos mordíamos el culo (este juego, recuerdo, nos hacía reír como locos).
Los animales que más me gustaban eran los caballos.


ADOLESCENTE PESCADOR
Adolescente pescador de enamoradas viejas
gran pescador de trufas
de muchachas alegres como el sol
de a1guna fija para jugarse el alma.
Yo, gran cazador
gran manejador de redes solitarias
de redes para la soledad
de redes especiales
para cazar
tímidos corazones.
Cansado de ver morir
caliente
tanta gente
un verano de tarde
por los jardines públicos
por las calles públicas
por los baños públicos
puse mis redes silenciosas.
Después me dije
el tiempo es necesario
me aconsejé
tomar café sin ninguna leche
todas las mañanas.
Me aconsejé sentarme
le dije a una mujer
que se sentara al lado mío
Tu culo fresco
le dije
sobre la tierra fresca.
Nos dimos un gran beso de amor.
Ella me dijo sus maneras de entretener la soledad
Mostrar sus piernas o moverlas
según el frío o nuestras costumbres,
sentarnos al lado de un hombre
y dejarnos tocar
hasta sentir la necesidad de ser madres.
A veces, se entiende,
vendemos perlas a los hombres
alocados, perdidos en el sol.
Perlas orientales
perlas blancas de amor
pedacitos de perlas, dispuestas
generalmente sobre nuestro vientre
perlas, en fin, en forma de collares a dos vueltas
para estrangular mejor

me dijo
perlas violentas.


HE VIVIDO ESTOS DÍAS
He vivido estos días
apurándolos
como las copas de mi juventud.
Sin detenerme para decir
aquí está el sol
aquí la soledad.
Sin detenerme para llorar
los días verdaderamente terribles.
Sin decir tu sonrisa luminosa
tu dolor amada, tu boca y tu dolor.
Tu canto
desesperada voz.


ESA INFINITA TRISTEZA
Esa infinita tristeza
amiga mía
huyendo hacia la luz
hacia el incierto mundo de paz
hoy está con nosotros.
Pradera de sal sin dolor
seca o húmeda según los ojos de mi amada,
inquieta, pero realmente extendida para nosotros,
para nosotros hermosos por nuestra juventud
indolentes para la guerra
asustados, terriblemente asustados
de nuestra infancia.
Vos y yo, solos
clavados o crucificados en la ciudad
envueltos por la sonrisa del río siempre turbio
siempre maravilloso.
Trepados al amor
trepados o encaramados al amor
Resistimos. Esa infinita tristeza
amiga mía
a causa de un pequeño maravilloso llanto.
No trae mucha lujuria
o tristeza este canto
Es un canto de amor.
Porque yo he estado muy cerca de los Alpes
y vengo de un verano tremendo y caluroso.
Un verano de amor.
Y amarla no significa habérselo dicho
ni haber hundido las manos hasta su infancia.
Amarla
es decir
haber visto o sentido
la alegría de su carne abierta o desprevenida
al solo bajo el sol,
su risa de muchacha loca
sus besos de muchacha loca
entre la niebla de un cielo milanés
entre la nieve de una ciudad
cerca de los lagos.
Porque toqué sin piedad la piel de las colinas
he podido asomar mi cabeza al mar
y he caminado sin temor sobre el agua
he visto llena de amor la cara de mi amada
entre canales y flores con un mismo perfume.
Y amarla, no significa haberle sacado fotografías de pie
o recostada a orillas del PO.
Amarla
es decir
poder escuchar los latidos de su vientre
presentir el crecimiento de sus pechos
y creer creer profundamente que esto es posible
porque hemos estado juntos muy cerca de los Alpes
y venimos de un verano tremendo y caluroso.
Un verano de amor.

CÓMO PODER DECIRTE DEL AMOR
Amada
cómo poder decirte del amor
las cosas terribles o maravillosas
que a veces nos preocupan
y otras, calman nuestros deseos
o nuestras extrañas percepciones.
Cómo poder decirte nuestros cuerpos desnudos
en ese sin fin de movimientos
que comprendemos y amamos.
Cómo poder decirte
aquí, hoy
en esta encrucijada
vida dura
amarga o dulce
según el movimiento de tus ojos
(de tus ojos amada
el pan de cada día
la revolución que espera
caliente y desentendida de Dios
como una virgen,
la granada que explota
los hombres, el hambre, el llanto
de tus ojos a veces
esa dulzura infinita)
o el color de tu boca.
Parado
Rey del universo
aquí en este día
sobre tu propio corazón.
Cantor enorme
cantor de vos de mí
de las pequeñas palabras sin sentido
de los grandes movimientos
de tantas cosas juntos
sacudo la bandera del amor
pisa la tierra libre
espero un hijo
serenamente
brindo por vos con vos
por nuestro hijo
triunfo sobre la tierra loca
enloquecedora tierra de amor
acompañado de tu risa.
Tú llanto a veces
suele desconcertarme de una manera brutal.
Hablo con vos, así, tranquilo
conocedor de tus gestos,
fuerte y elástico como el mundo,
de aquello que esperamos
un hijo nuestro
una revolución de todos.
Amada, en este día
cantor irrespetuoso de Dios
parado aquí, sobre tu propio corazón,
increíblemente ágil
ceremonioso o solemne
por parte de padre.
Aquí, exactamente sobre tu propio corazón
para tu alegría
para tus buenas ganas
por los malos pensamientos
por aquellos que recordamos juntos
para orgullo o alegría
del hijo que tendremos
beso las puertas de tu corazón
las ventanas, los tabiques
los rincones iluminados u oscuros de tu propio corazón
para tu alegría
las puntas de tus pechos al aire.


O CÓMO DESESPERAR A LOS EJECUTIVOS

SALOMÓN
Salomón, hijo de David, ejecutivo poderoso en su época, conocedor de las lenguas de todos los animales de la tierra y del cielo.
Posó, un día, en la palma de su mano derecha una pequeña hormiga y le preguntó: ¿Quién es el más grande de la tierra? La hormiga, que todavía era totalmente derecha sin cortes en su cuerpo, pidió a Salomón que levantara su mano un poco más arriba, un poco más. Cuando la mano de Salomón estaba por arriba de su cabeza, la hormiga le dijo: Tú eres verdaderamente grande, pero yo lo soy más, porque estoy por encima de tu cabeza.
Sin sonrisas, Salomón sacudió la mano, y la hormiga cayó sin mayor ruido a la tierra, y maldijo Salomón a la pícara hormiga, condenándola a vivir casi partida por la mitad.
Moraleja: Un ejecutivo es siempre un ejecutivo.

jueves, 22 de octubre de 2009

Miguel Oscar Menassa. Obra poética casitotal [1961-2011] -II-

1963
NOSOTROS DOS ÉRAMOS TODO EL MAR

En verdad jugábamos
en el mar
en la tierra
algunos días en nosotros
Eran necesidades innegables
las playas
la gente desnudándose detrás de las carpas
anticipándonos una extraña piel
más suave que el delirio de la tierra
o el presentimiento de un país libre.

El baile de arena comenzaba

los hombres corrían alegremente
sobre el mar
dejando las caricias de sus risas
en tu cuerpo
en la extraña sumisión de las olas
frente a tus pies
en el atlántico de tus ojos
que luego compartíamos
entre piedras lisas

cayendo de cualquier manera a la noche
a todos los hombres
que habían jugado por tu vida
con el amor
con la juventud de la tierra
con la severidad del mar.


ALGUNAS DE ELLAS

Ellas de vestirán livianamente para apurar la tarde
se despeinarán
encenderán cigarrillos en nuestra pieza
leerán por primera o segunda vez
nuestro nombre impreso en papel ilustración
Se quedarán esa tarde y la siguiente
hasta que tengamos que salir como las putas
a la calle
a cambiar de pensión y de familia.


TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON
LA MUERTE


I

El campo siega los corazones jóvenes
y éstos ya no se parecen a las garzas
o a los patos volviendo de la laguna
mojados y despreocupados del frío de la tarde.

Tú eras libre y pequeña en la provincia
antes de la ciudad
solías descorrer las tranqueras
que detenían las ovejas
para verlas trotar
por los callejones de tierra.
Solías aprovechar tu día
viendo el crecimiento vertiginoso de los trigos

Las manzanas por detrás de la casa.
La ciudad es melancólica y familiar
pero en el campo de mi corazón
ríes y saltas por entre los tabiques
hasta reventar de alegría.
Morir en la sangre de mi corazón.

He caminado y violado en los alrededores de tu piel mi
[juventud
deteniendo y deteniendo
el hilo de tu virginidad.
He corrido como los caballos de tu infancia
que te excitaban y temías
para llegar un poco antes
en el mismo momento al límite de la noche
por no haber creído
en el crecimiento de las flores de tu pueblo.

Ahora vuelvo mi rostro y las oraciones de mi niñez hacia ti
para convencerte de la soledad de los hombres
Puedo agitar las banderas de las discordias y la cordialidad
para vencer tus años de padre y madre
venidos de un país extranjero o de la provincia.

Hemos estado juntos en la ciudad
tan cerca de mi oficio como de la maldad
tan cerca de mi oficio como del amor
y sin embargo ahora
adiós querido mío estoy cansada
te descubro
me ahogan la habitaciones de tu casa
debajo de las casas
y tú no eres el misterio ni el alga ni el junco
que turba o desborda la soledad.
Me ahogan tus diálogos con el viento
y las conversaciones desenfadadas y violentas.


TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA
O CON LA MUERTE


II

El musgo crecía en las piedras
de la orilla del río de tu pueblo
y el deseo en tu corazón.

Tus piernas te acercaban a la seriedad
y en las tardes de silencio y excitación al río.
Las primeras aguas en llegar a las piedras
también llegaban a tus muslos desnudos
humedeciendo y alegrando
tus maneras del ocio y la ternura.

Las pensiones de la ciudad no son el río
Las mujeres se duermen y se levantan solas
y cuentan o cantan su soledad a la noche
y a los carteles luminosos.
Amada, aquí no hay río que alegre y humedezca tu piel
Aquí en la soledad y el tiempo del invierno
el humo y el olor de los hombres
cubre y desgarra las pieles de las niñas.

Y tú mi amada casi nunca demasiado estupenda y ágil
cubierta y desgarrada por mí
en el comienzo de las frutillas y el verano
no puedes entenderlo.
Entonces mi querido me ahoga tu calor
el poderoso cielo de tus caminos interminables
me ahoga el vagabundo
que nos perteneció de rabia y júbilo en la ciudad
el mismo que gime o ruge cuando se queda solo.


TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE

III


Cuando vuelvas por el camino de la tierra
no detendrás tu mano ni ninguna palabra
me recordarás simplemente tendido y esperando
que el viento y la lluvia
mojen o enfríen
ay, tu quieto, tu terco corazón.

No volverás florida
ni empecinadamente revueltos los vestidos
ni nada de alegría
en tu cuerpo de haber estado antes en la ciudad
y antes todavía en el campo.

Mi amada, en esta realidad puñados de oro
saltan y golpean para que el río vuelva.
la soledad no vuelve o no es la misma.

El río no vuelve.

El amor puede quedarse dormido entre las sábanas
o las escaleras del puerto
donde los rufianes con sus amigos y los pescadores
lentamente silban su dolor
porque no viene nadie.

Amada, aquí no hay río que humedezca y alegre tu piel
Aquí la soledad.


UNO DE ELLOS

Todos lo habían visto alguna vez
fumar un cigarrillo
cruzar sus piernas
caer sobre alguna mujer
Hacerse el odio y la violencia para sí.

Caminaba siempre
muy cerca de la tierra.
El comienzo de cualquier estación
y las primeras flores de noviembre
eran su regocijo y su calma.

Lo conocí en el viejo terraplén
ojos de soledad
boca de pobre
hablaba de sus sueños.


PENSAMIENTOS DEL POETA

El hombre libre
no muerde no acaricia
la soledad de los bondadosos

Vuelven los buenos tiempos
ciudad de Dios maldita Buenos Aires
Mujer
Hembra sin cuento
regresa también por el verano
día de fin de año
y este pecho agrandado como el amor
te esperan.

No recuerdo tus ojos perdidos

El calor me ahoga en esta amada tierra

No doy no pido ventajas a tu corazón
desataré mis manos
te esperaré
alondra vida
alondra viento de verano

Esta soledad reventará de vieja.



lunes, 28 de septiembre de 2009

Miguel Oscar Menassa. Obra Poética Casitotal [1961-2011]



JUEGOS PROHIBIDOS

El mundo es un giro de viento;
abre las puertas detenidas;
yo abro las puertas,
yo soy el mundo.

Hablo a las baldosas
con la lentitud ingenua
de la renovación,
yo me renuevo.

Salto las ventanas viejas
de un barrio pobre
y amo a las muchachas
aún despiertas.

Les dejo el corazón
y luego parto.

Conmigo queda el aliento
que más tarde doy
por las calles de aquí,
por donde caminamos todos
todos los días.

Al llegar a las esquinas frías
me detengo,
miro el cielo:
no es imposible.

Y vuelo entonces sobre esta sonrisa atlética
para cubrir
algunas faltas de amor.


PEQUEÑA HISTORIA

Yo soy
el hombre
que conmueve muchachas
en las mañanas empapadas;

el viento conocido
que desata la vida
de las esposas altas,
deshonestas,
de las hijas adúlteras
de casas como el mar;

la lluvia
que late en el vino
de mis hombres extraños de silencio
de caras como manos.

Soy
el que se queda solo
luego
y humanamente pide compartir
una risa
una copa
un hueco de saliva


MI PADRE SE CANSA

Después del esfuerzo
entrego mi último bostezo a la noche
y duermo.

Me permito luego
recorrer con severidad
hasta la hebra rubia
entretenida
en el primer mosquito de la noche

cubro maliciosamente
mi brazo desnudo
con el beso que deja mi madre
–sorprendida por mi presencia–
en un costado de mi cuerpo.

Y despierto
para aplaudir
alguna proeza de mi padre joven
que bebe junto a mí
una copa de vino
y una muchacha desconocida.


BOINA AZUL

Esta mañana, hurgando
por los techos vacíos y mojados
por los pisos y las maderas de los pisos,
temblando una canción,
he visto a una muchacha.

Caminaba gris, en este cielo gris
con una mano débil, tendida
en los bostezos de los hombres,
para tocar el viento que le negaban.

Ese viento fuerte
que se debatía en sus piernas mojadas
por el último rezongo de la lluvia.

Porque había llovido
y las caderas húmedas de las casas
se movían ligeras hacia el hombre
que conmovió en la mañana gris
a la muchacha que caminaba sola
sobre los techos y los pisos mojados.


ELLA Y EL VIENTO

El viento,
ese trotamundos incansable
que nos toca,
ha llegado hasta mí para traerme
el recuerdo de ti,
de tu voz en el viento,
de tu risa en el viento,
de tu ferocidad detrás del viento.

No es el mismo de las noches compartidas
ni el que levanta las polleras tristes de la tarde
para mostrarnos:
un amor de piernas,
un amor de noches,
un amor.

Es el gran luchador
como tú,
fuerte y frío
como tú
que te lleva
como tú solías llevarme
detrás de un beso
de una caricia prometida.

Él te retiene y te suelta
cuando quiere.

Él es el que repudiándose
te maldice y te ama,
como yo.


ELLA Y LA LLUVIA

La lluvia
libre e interminable
se mete por mi boca abierta de soledad
y te llama y te busca
como si estuvieses dentro mío
aquí, dulce
aquí, intacta.

Y tú
y tu nombre
que sólo puedo pronunciar cuando te toco
bostezan y se acuestan
bajo un cielo de agua que no acarician.

Tú, violable sólo
por el filo astuto de dios
y la sonrisa de los hombres rubios
y tu nombre que te llama
que se complica contigo
en el misterioso juego de tu fuga,
dónde, dónde
en qué cuerpo
en qué hombre permanecen.

Pensar que no eres
que no te llamas de ninguna manera.

Cómo decirle a la lluvia entonces
que tú no estás
aquí, dulce
aquí, intacta
que no has llegado nunca.


ELLA Y LA CALLE

Ella tiene tanta calle
en sus manos y en sus piernas
que uno la mira
y no puede más que amarla.

Ella perdió un zapato
un día de lluvia
y mis escrúpulos
comenzaron a recordarla.

Pero nosotros,
que caminamos juntos tantos árboles;
sabemos que el amor
no es:
encender velas en casa de los ciegos
ni creer que ella no está
dentro de ninguna rama verde.

Porque sus zapatos
eran las cinco de la tarde
y yo bebo a esa hora
con desesperación
mi primer trago de olvido.


BAJOS FONDOS

El agua de mi voz,
la misma que corre por los espigones,
espera verte caer en algún círculo del cielo
para golpear feroz tus huellas en el puerto.

Vuelve,
alegre,

por todo aquello que sufrimos.
Mientras yo, acostado en la orilla
cambiaré el rumbo de los hombres
y mojaré caliente, con mi aliento,
el rostro de todos los barcos
de todos los puertos.


POLLERA DE NOCHE

Es la calle angosta
perdiéndose dos cuadras adelante
entre el árbol inexplicablemente verde
y unas casas bajas nunca bien dispuestas.

Y tú por la calle,
caminando hacia el infierno de humo
de este bar
donde yo espero,

rubia desde antes
impúdica desde antes
te ocultas
corres
pero nunca llegas.

Otras mujeres hablan y fuman
mi cansancio
metidas infieles
en sus ropas estrechas de canto.

Nuevas,
infecundas mariposas de septiembre
me esperan
en algún lugar oculto del invierno
y me tocan el alma.


VENTANA COLOREADA

El gesto del niño
que te miraba a través
de la ventana empapada

la esperanza
de que fueses blanca

la ternura piel
que tú guardabas

todo quedó conmigo.

La calle perdida
entre otras calles
tu casa mar
tu padre marino
los hijos de tu padre marino

la pieza número
con su cama alta
y tu piel de afuera.

Así te conocí
después de amarte
por la ventana abierta.

Y aún queda conmigo
cuando me deslizo
dulce
por las sendas de tus hombros
tu voz
dulce
aquí
tan cerca.


ESTACIÓN DE TEDIO

Uno
nunca se siente solo las noches de verano.

Cuando el sol
ha dejado caliente las chapas
y este humo con olor a puerto
que escapa valiente
de mi boca contra el vidrio
y mi nariz contra el vidrio,
haciendo huecos de calor
en esta mañana de muchachas,
de puertos, de gente pequeña a mi lado.

De calles empedradas
mirándome interminables
que me penetran con el sol del ayuno
y me quieren.

Uno
siempre se siente solo las noches de invierno.

Cuando añora el aliento del amigo
entre el pecho y una canción,

cuando ya no se escuchan
las palabras templadas
de la compañera nocturna

y pierde
con el último movimiento que hace
el único calor recuperable.


SIRINGA DE SOLEDAD

He llorado anoche en los brazos de nadie,
pensaba en anguilas submarinas
y esta vieja manera de roerme.
Eran los ojos de mi gran amigo bajo el agua
y la boca de la mujer aquella
que gritaron al niño que tengo
prendido de este lado.

Era la ventana azul de tus labios,
mas, mi amigo
tirándome la piel
me susurraba del amor y de la vida
unas cosas extrañas.

(En los famosos días
de tierra al sol, de espaldas a la gente,
cuando el cielo de las mujeres arda
podría abrazarme al orgullo de mi padre
y dormir junto a mí por una noche).

De la noche pasada y la mañana
sólo recuerdo
aquellos ojos que lloraban solos
y esa boca tendida que trataba
de tomarme la mano y esas cosas que llevo
prendidas de este lado.

Y así,
moriré cualquier mañana
apretado a esta lágrima que guardo,
que no es la última,
ni siquiera la anterior a la última.


ESPIGÓN DE SOLTERO

Bueno,
ahora ya me encuentro
humanamente solo.

No puedo con mis ojos
mirar a las muchachas
porque las miro
y lloro.

Y ustedes,
por qué no se detienen
y me tocan un poco,
por qué dejan mis manos
galopar despiadadas,

por qué no se detienen
y me lamen un poco.

Comprendo,
ustedes han partido
también
humanamente,

pero a mí no me queda
más que dos piernas
(las manos ya perdidas
no piensan
no vuelven)
y esta rabia de todos
de mí
que no me sirve.


BEBIENDO DE ESTE VINO

No vuelvas
deja el celo perdido
y abreva toda tu claridad
contra algún beso

habla con tu voz por las calles
hasta sentir en tus cansados brazos
un calor una brevedad de cielo

entonces
acaricia solemne las astillas
de este material afinado
la soledad

ama las cosas más extrañas
húndete
hasta llegar al fin de mi tristeza

mas
no vuelvas
déjame solo
gozando de estas manos
déjame solo
amándome las piernas
bebiendo de este vino.


EL CUARTO DE LAS GOLOSINAS

Qué mujer
cruzaría sus piernas frente a mí
para mirarme
sentirse mía
cansarse en mi cansancio.

Quién concluiría su gesto
para amarme
en este pedacito que soy
de sed y de nostalgias.

Porque todos
nos encontramos algún día
y nos miramos
–en las muchachas quietas
en los caminos cortos–

pero luego
es tan difícil dormirse
–sin el humo del cigarrillo amigo
ardiéndonos los ojos–

que ya se han ido todos
y la apretada hendija de mi alma
cada vez más pequeña
cada vez más cerrada.

Quién podría amarme
en este pedacito que soy.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Cartas a mi mujer sesenta y nueve

AÑO 2000, PRIMERO DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO

En uno de mis poemas de juventud llegué a decir: “No estoy maravillado por mi vida. Estoy arteramente sorprendido por mi vida” en ese momento (1976-1981), los pasajes más negros del exilio hacían verdadero mi decir. Lo que no pude saber en ese momento fue que, 25 años después, mi vida me volvería a sorprender arteramente.

Hace 25 años, un cuarto de siglo, ninguna felicidad esperaba a un hombre que lo había abandonado todo para seguir viviendo. Fue, entonces, cuando fui atravesado por una frase del inmenso poeta cubano, José Martí: “La felicidad sólo puede hallarse en el camino del trabajo” y volví a tener ilusiones de ser feliz, podía producir con mi trabajo un poco de felicidad para mi pequeña familia.

El sólo pensarlo me hacía feliz.

Lo que no sabía hace 25 años era que a los trabajadores se los puede explotar de una manera absoluta, se los puede estafar impunemente.

Y entonces fue cuando escribí:

“No fui feliz

porque ser feliz

es una argucia del sistema.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Cartas a mi mujer sesenta y ocho

VIERNES, 17 DICIEMBRE DE 1999

Tercera parte

De cualquier manera, me alegra haber llegado al año 2.000. Lo ambicionaba desde joven, por eso llegué. Una ambición secreta, poderosa, femenina.