CARTAS A MI MUJER CATORCE

Estoy contento con todos los trabajos realizados y si, a veces, no estoy contento es porque algún trabajo no se ha realizado.
La ambición de las olas: hablar como Freud, cantar como Gardel y follar como nosotros dos, hace unos días, en el baño del hotel, contra el lavabo, mirándote al espejo me metí entre tus nalgas y algo te resististe.
No quiero hacer alarde de esas virtudes vegetales, pero mientras te la metía, sentí que murmurabas entre dientes, canciones, melodías lejanas, abiertas notas de cantos insondables y te reías, feliz, enamorada. Mientras te la metía te miraba por el espejo y murmurabas entre dientes: manifestaciones de millones de hambrientos pidiendo pan. Millones de niños infectados pidiendo piedad.
Lugares, amada, tiempos del hombre actual, donde las enfermedades que, generalmente, se producen por las vías reproductivas ocupan un lugar preponderante en las oficinas del Estado y nadie se ocupa de nuestro amor.
Estamos condenados, te lo dije, estamos condenados a demostrar la importancia del trabajo. Para que haya amor entre nosotros tendremos que hacerlo.
Y esa es nuestra condena y nuestra dicha. Existir, apenas, cuando el amor brilla para nosotros. El resto, todo el resto, es producir el surgimiento de un poema.

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