CARTAS A MI MUJER DOCE

Yo había nacido en un barrio periférico, nunca tenía fuerzas suficientes para imponer mis ideas, siempre prefería inventar una nueva idea.
Después, como ya te dije que no tenía fuerzas para imponer las ideas, las dejaba ahí, ahí, donde estuviera, a la benevolencia o malevolencia de los caminantes del viento.
Te amo y te recuerdo, aun en estas tontas digresiones, tan importantes para la humanidad que no termina de enterarse, porque ni yo mismo, hago los esfuerzos necesarios, porque estoy amándote o recordándote todo el tiempo.
Y el mundo se hunde, el siglo se termina, pero nosotros no. Nosotros estaremos atados, por mis versos, a las vertientes del hombre que no desaparecen.
Por eso que cuando yo te digo que habrá alguna luz para los hombres, te hablo del futuro.
De nosotros, de nuestra oscuridad ya se habló hace cien años. Nosotros sólo podemos padecerla.

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