viernes, 22 de mayo de 2009

Cartas a mi mujer cuarenta y seis

UNA HORA DESPUÉS

-Tercera parte-

Recién es enero, la gente apenas puede con la cuesta y yo ya estoy volando por las nubes.
Me empiezo a dar cuenta que tengo una vida que, a primera vista, no parece para nada una vida interesante. Algo así como un hombre trabajador que después de 40 años de trabajo consigue llegar al mar como lo ambicionaba a los 17 años.
Algo he podido y, sin embargo, no estoy conforme. Y esto no quiere decir que he trabajado más que lo que recibo sino que prometo, comprometo mi vida en ello, trabajar más fuerte, mejor encaminado para ver si esta vez merezco más.
No estoy conforme pero estoy contento, alegre de haber podido, esperanzado por ahber comprendido que otros, también podrán.
Alcanzo cierto poder sobre mis cosas pero no sobre mí.
Cuando me hacen sufrir con alguna guerra, con la prepotencia armada de los poderosos, me siento al mismo tiempo de sufrir, un animal herido, un caballo marchito, una vaca sin leche.
Tal vez pueda arrancar de mi débil garganta un murmullo de paz.
Quitad vuestras sucias manos del tesoro. ¡Bestias, fuera de Babilonia!

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