lunes, 29 de junio de 2009

Cartas a mi mujer cincuenta y nueve

LUNES, 13 ENERO 1999, MADRID, SOY EL SIGLO XX

-Segunda parte-


Nos encontrábamos en un callejón sin salida aparente.
Borrachos hasta los huesos, no conseguíamos hilvanar las palabras que nos arrancaran de esta pequeña locura compañera.
El hombre comenzó a amar la soledad como antes amaba la noche.
Cuando destrabo la soledad de su opuesto vulgar, estar acompañado, la soledad cobra dimensiones universales y, ahí, no es necesaria la falta de compañía para alcanzar la soledad.
Como lugar, como mesa de operaciones cósmicas donde la soledad se transforma en la edad del sol.
Desde un lugar que no se explica por ninguna falta, hasta la posibilidad de un sol para cada edad o, mejor dicho, todas las edades, también la mía, tendrán algún sol. Aunque más son sea el sol de la palabra soledad.
Tengo miedo de haber producido mis propios pensamientos y que el resultado me aleje de otros pensamientos, otros hombres.
Soy ese pájaro caído de mis versos,
algún pecado se habrá transformado en virtud,
alguna belleza forma parte del pasado.
Todo canto es inmedible. El tiempo puede surgir rápidamente, de cualquier conversación.
Pero yo estoy roto, no puedo escribir.

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