Cartas a mi mujer sesenta y dos

SÁBADO, 18 ENERO 1999, MADRID


Huyo de mí, huyo de mí y no hago otra cosa que encontrarme a mí. Ni huir ni buscarme. Mí no existe a menos que huya de él o lo busque.
Hombre, mujer, las dos primeras décadas del 2.000 dependerá, sencillamente, de trabajar o no trabajar.
Si puedo llegar a acostumbrarme a cierto grado de soledad, podría llegar a crear cosas maravillosas. Pequeños poemas inmortales, más de mil.
Soy ese peregrino que lleva en sí mismo la luz y la sombra. Por eso tengo un ojo que casi no ve.
No sé cómo decirlo, pero me siento algo enfermo. No puedo salir de este desierto y estoy todo el tiempo esperando que alguien me ayude. Y cuando alguien se anima a llegar al centro del desierto donde yo espero, siempre es para pedirme ayuda.
Alcoholes y amores, tampoco me sostienen del todo. Estoy siempre al borde de un dolor y, además empiezo a tener miedo que la gente lea lo que estoy escribiendo.

Tendría que haber venido con alguien a esta página.

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