domingo, 25 de enero de 2009

LAS REVISTAS EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y LAS 2001 NOCHES CUMPLEN SU NÚMERO 100 Y PASAN A SER VIRTUALES

Las revistas Las 2001 Noches (revista de poesía con más de 400 autores publicados) y Extensión Universitaria (revista de psicoanálisis), de difusión gratuita impresa hasta ahora, cumplen su número 100. Les informamos que a partir de este momento pasan a ser revistas virtuales, las podrán ver en Internet en las siguientes direcciones.



http://www.extensionuniversitaria.com/num100/inicio.htm

sábado, 24 de enero de 2009

CARTA NÚMERO DIEZ

Así fui escribiendo mis versos, y si no, nada hubiera sido posible. El sol juega conmigo, hace como que está pero no está. Todas las cosas, me digo, están pero no están.
Es cuando nos dejamos usar por las palabras que las cosas existen, aun, las imposibles, como el amor, el goce.
Abandoné un poco la escritura y miré el mar, un largo rato, porque había sentido que esta carta podría ser un libro y eso me detuvo y descubrí el mar en esa detención.
57 años no es moco de pavo, como queriendo decir, en mi barrio, que 57 años era una cosa respetable.
En mi barrio hasta los delincuentes obtenían cierto perdón, cierto prestigio a los 57 años.
Sé que ya no vivimos en mi barrio, pero, quiero decirte, amada mía, que a mí, eso, no me importa un carajo. Porque mi barrio soy yo y el que no quiera o no pueda tenerme un poco más de respeto, ahora que tengo 57 años, lo mandaré...

lunes, 19 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER NUEVE

Estuve en la suite escribiéndote y ya había llegado a la página diez, ahora espero al señor de la toalla y la colchoneta.
Estoy sentado en las escaleras, el sol me da de lleno en la cara. Las otras personas que esperan como yo, están impacientes, un poco por la espera y otro poco porque me ven escribiendo.

Ahora te escribo ya sentado en la reposera a un metro del mar. Hace airecito pero el sol está fuerte.
Te hablo de estas cosas para que se sepa que un hombre como yo, se tira en una reposera, espera por una toalla para secarse a la salida del mar, se deja besar la punta de sus delicados pies de bailarín, por las olas más generosas que llegan a la orilla. Y, a veces, tengo ganas de cagar y cago y me duele la barriga y, a veces, me tengo que cuidar en las comidas y siete veces en mi vida no tuve erección. Una vez por cada deidad de cada día de la semana. Siempre me sentí inferior al universo, en general, y frente a cada planeta en particular.
Recuerdo aquellas encrucijadas de mi infancia donde todo lo grande era lo divino. Por eso fue que de adolescente y, a veces, ahora mismo me pasa; cuando una mujer dice que soy un Dios, yo inmediatamente lo relaciono con el tamaño de mi polla.
Bueno el tamaño que ella, en realidad, otorgaba con su grandeza y quitaba con su crueldad.
Ahora dejo de escribirte y no porque vaya a hacer ninguna revolución o conquistar ninguna amante imposible, te abandono para ponerme crema en la piel, para durar más años. Es decir, me alejo de ti un instante, para tenerte todos los instantes.

miércoles, 14 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER OCHO

Querida me impresiona el horror de las diferencias temporales. En el mismo momento, en la misma ciudad, un hombre pertenece al futuro y otro al pasado.
Si puedo parar con la máquina triste que me quiere matar porque otros murieron, porque otros fracasaron, podré evaluar positivamente mi situación vital. No es poco lo que he conseguido y ya ha pasado la peor parte.
Una vez más lo único que deseo es quedarme en lo que pude construir con mi trabajo. El resto no me pertenece.
Libros, amores, hijos, una manera de decir.
También me doy cuenta que lo ya conquistado no se puede dejar. Es sobre lo que ya tenemos que quiero más:
Si ambiciono vivir por lo menos hasta los 80 años, algo tendré que modificar de mi vida actual.
Hay algo que no digiero bien, hay algo que me duele haber perdido.
Amor, amor, yo quiero vivir y no me importa lo que haya pasado, yo quiero seguir viviendo, aunque reconozco que estos años anteriores, muchas veces, tuve culpa de seguir viviendo.
Ahora, sólo quiero vivir, ahora sólo quiero que todo el tiempo que me quede por vivir se llame con mi nombre y apellido.
No me gustaría que dijeran: “Menassa hacía el amor así” y estuvieran hablando de mis amantes más torpes.
No me gustaría que me dijeran: “Menassa hace así con el dinero” y estuvieran hablando de algún socio mezquino.
Y tampoco me gustaría que dijeran algo del Grupo Cero sin haber leído antes mi escritura.
Pero tengo que saber, y por eso te amo, que todas esas cosas que no me gustaría que pasaran, pasarán.

martes, 13 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER SIETE

Hoy, que ya sabía cómo se hacían las cosas, se nubló. Nuevamente me toca un retiro espiritual.
Dejar que las cosas ocurran tal cual tengan que ocurrir, pero yo no tengo que estar en las cosas. Haber aprendido esto, este mes me costó 12.000 euros. Lo que cuesta vale.
Para mí sólo existen Buenos Aires y Madrid.
Tengo que poder quedarme en mis cosas, la casa que conseguí comprar, la familia que pude construir, el trabajo que con suficiente eficacia realizo.
Pagar 12.000 euros para separar lo real de lo simbólico, nunca es mucho dinero.
Amor mío, las bestias, por lo menos frente a mí, han preferido seguir bestias, como todo el mundo, pero como yo ya no soy joven, sino que estaba simulándolo, me lo tendrían que haber puesto más fácil.
Pero la vida es así, amada mía, si todo el mundo está empeñado en que tengo 68 años, y que eso para la vida que hice, el pensamiento que amé y los versos que escribí, es ser muy grande, tendré que tener 68 años y ser muy grande.
Y una persona grande está sentada en algún lugar, en algún tiempo, esperando que alguien quiera saber de qué se trata.
Cuando yo era joven, como todos los jóvenes, de cualquier porquería que me encontraba por la calle, hacía vida.
A mi edad, cuando me encuentro con una porquería no puedo entender que, todavía ocurran esas cosas y la dejo porquería.

domingo, 11 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER SEIS

Ayer perdí todo el dinero que tenía destinado para el juego. Había aguantado lo que se dice hasta ayer sin perder ni ganar un euro, pero ayer lo perdí todo. Me acosté pensando que algo me faltaba por aprender. Algo, evidentemente, no se había hecho carne en mi pensamiento, todavía debía pagar por mi psicoanálisis.
Ahora espero al señor de la toalla, todo me subleva.
Cualquier injusticia se hace carne en mí, aunque como vimos en renglones anteriores no todo pensamiento se hace carne en mí.
Estoy llegando a las más importantes conclusiones de mi vida. La verdad no sé mucho acerca de las cosas que hago o que, directamente, me pasan:
Cuando juego quiero demostrarme a mí mismo que fui un boludo trabajando tanto, cuando en una noche se podía ganar lo mismo que en muchos años trabajando. Entonces, en el juego, perdía.
Después, es cierto, en la vida ganaba casi siempre, porque todo lo hacía trabajando, pero cuando jugaba, negaba, yo también, como todo el mundo actual, el trabajo.

sábado, 10 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER CINCO

Desde aquí, a un metro del mar, las olas me salpican y yo trato de decirte que estoy pensando, pensando concretamente nuestros próximos o últimos 30 años.
Y no es que ahora deberemos cambiar porque hemos hecho las cosas mal. Es que las cosas a cierta edad son otras cosas y por eso deben ser hechas de otras maneras.
Nuestros hijos son grandes, tienen todo nuestro amor y algunas pesetillas para seguir creciendo, eso quiere decir que de eso ya somos libres.
Yo por mi parte he trabajado lo suficiente (aunque no haya ganado lo suficiente) como para pasarme 30 años a un metro del mar, escribiéndote. Y si consigo mantener algunos negocios que, todavía, no puedo destruir, hasta tendría dinero para invitarte a vivir conmigo.
Claro está, que todo esto, después de lo dicho, sólo es posible si vos lo desearas.
Este siglo fue tuyo y lo perdiste como una madre que se deja ganar al ajedrez, siendo campeona de eso, por su hijo. Sólo para que el niño sienta el olor del triunfo, la alegría de vencer a alguien por nada.

viernes, 9 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER CUATRO

Estuviéramos cerca o lejos, nuestro amor, nuestro famoso, infinito amor, no era otra cosa que una nueva manera de pensar el universo, aunque debo reconocerlo, con mis versos y algunas historias mal contadas entre amigos, le hice creer a toda la humanidad posible, que follar era lo único que hacíamos.
Nuestros culos, tus tetas y mi polla, aparecieron por doquier. Sobre mi polla hicieron un simposio en la Facultad de Psicología de Buenos Aires, pero nadie entendía nada. Eran ejemplos de una manera de pensar, esas anécdotas no eran nuestra vida, sin embargo, sería bueno pensar que tanta pasión, tanta carne sexual entre nosotros fue, precisamente, lo que nos permitió la vida.
A veces, tratándose de la sexualidad, éramos capaces de grandes estragos, casi sin darnos cuenta.
No era que hacíamos todo el día el amor. El amor necesitaba, históricamente, que pasara lo nuestro. El mundo necesitaba saber de la “energía” (para llamarla de alguna manera) que produce el placer genital reproductivo en todos sus paradigmas, la pasión del acoplamiento de las bestias para la reproducción o sus desviaciones, no se puede sublimar. Porque la sublimación es un mecanismo del sujeto psíquico y no de la especie.
Alguien tenía que demostrarle al mundo que habían equivocado el destino de todo un siglo, pensando que la “represión genital” hacía al hombre más civilizado, mejor dotado para el arte, para las construcciones sociales. Y yo y vos, amor mío que, a veces, parecemos tantos, lo que deberíamos mostrar que no estoy seguro de poder hacerlo:
El animal no puede ser doblegado por el símbolo. Sabiendo que va a morir lo único que le interesa es acoplarse, amar.
Por eso que lo único que se puede hacer para poder alguna cosa, es dejar de amarse a sí mismo y eso es lo que las bestias no pueden.

jueves, 8 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER NUMERO TRES

Tus ideas eran todas maravillosas, se te ocurría cada cosa y yo, que era muy ambicioso, trabajaba para todas tus ideas.
Bueno así, llegamos hasta aquí.
Hoy mismo, en el acto de esta carta que, con amor y pulsión te escribo, abandono el ejército (basta de jefes) abandono la fábrica (basta de patrones) y abandono la universidad (basta de maestros).
A partir de ahora te amaré en los espacios abiertos del poema, en el mar, en las grandes ciudades extranjeras donde nadie nos conozca.

Nunca tanto amor.

Vivamos donde vivamos, a partir de ahora no nos adaptaremos a nada. Seremos siempre extranjeros. Eso vengo, en parte, a pedirte en esta carta. Un último viaje, por fin, un viaje verdadero:
Construir en los próximos 30 años, vivamos donde vivamos, digo no importa dónde sea, Madrid o Buenos Aires, vivamos donde vivamos, construir para nosotros dos y si algún otro quisiera, una muerte extranjera.

sábado, 3 de enero de 2009

CARTAS A MI MUJER, NUMERO DOS

Nunca nos poníamos de acuerdo en el precio de las cosas.
Para mí las cosas siempre eran baratas. Estar al lado tuyo para mí, hacía poco todo precio.
Fuimos de tal manera libres que ahora eres una mujer que esta cerca de mí aunque estemos lejos. Eres un verdadero invento.
Una mujer que está ahí aunque no esté. Una mujer que me permite estar allí cuando, en realidad, estoy aquí.
Un verdadero invento y no sé quién inventó el amor entre nosotros pero no nos importa y no creemos demasiado.
Lo hacemos, el amor lo hacemos y cuando no lo hacemos, hacemos otras verdades, fabricamos otros sueños que los de la especie, esos días que nos levantamos enamorados de los puentes, de las vías férreas, de las autopistas, de todo aquello que separa a los amantes para que luego se vuelvan a encontrar en otros caminos, otras ciudades, otros amantes.
Yo y vos, querida, hemos participado en esa historia universal del amor. En siglos venideros cuando se hable del amor, se hablará de nuestro amor, eso quiero decirte cuando te digo que te amo.
Ahora, hoy día, para decirlo de alguna manera, he cumplido 68 años que, en parte, son míos y, en parte, son del mundo.
Hay veces que todo me lo debo a mí, hay veces que todo se lo debo al mundo, tanto unas como otras veces sólo existen, para mí, por tu presencia. Sin vos volando por el salón de la casa como si fuera un aeropuerto internacional, yo no hubiera podido concebir que el destino de la poesía era volar y, tampoco, sin ese vuelo permanente anunciando el porvenir, nunca hubiera podido concebir la idea de Las 2001 Noches.